A poco más de un mes para las terceras elecciones presidenciales a las que se presenta Hugo Chávez, si finalmente se celebran, la inquietud crece ante el futuro de Venezuela a partir del mes de enero cualquiera que sea el resultado electoral.
El panorama no puede ser más inquietante: a la enfermedad terminal del presidente y candidato se suman la incertidumbre sobre su sucesión, la debilidad inherente al carácter personalizado de su gobierno, la fragilidad de las instituciones, la polarización política, la división social, la proliferación de grupos armados y la alarmante inseguridad que tiene atenazados a los venezolanos. Todo ello aderezado con el protagonismo de unas Fuerzas Armadas altamente politizadas cuya cohesión está amenazada ante el descontento por la arbitrariedad en los ascensos y la actividad de la Milicia Nacional Bolivariana (MNB). El papel de las FF.AA fue expuesto por nuestro colaborador Rogelio Núñez en su artículo de julio pasado por lo que solo nos extenderemos en lo referente a la MNB.
Conocida anteriormente como Guardia Territorial, la MNB se convirtió en el quinto componente de las FF.AA, por decreto presidencial durante de la Ley Habilitante, con la misión de "entrenar, preparar y organizar al pueblo para la defensa integral...". Está estructurada en tres niveles: las milicias territoriales a nivel comunitario; los cuerpos combatientes formados por empleados públicos y de empresas privadas; y la milicia obrera y campesina. Es muy difícil valorar su potencial ya que están mal entrenados y la mayoría de sus componentes no lo son por convicción sino por conveniencia, por el dinero que cobran al asistir a los entrenamientos, o por presión de sus superiores profesionales. Sus componentes se estiman en medio millón de hombres y mujeres de los cuales unos 40.000 pueden ser movilizados. No son una amenaza militar pero llevan a cabo una importante labor de adoctrinamiento, de intimidación de los opositores o descontentos con el régimen y, lo que más nos interesa en esta ocasión, de control y apoyo electoral al chavismo.
Entre tanto Chávez a lo suyo: actos oficiales, apariciones televisivas y algunos mítines multitudinarios a los que llega en coche derrochando sus escasa fuerzas en el escenario; medidas populistas como el publicitado plan de viviendas (dos millones para 2017) dirigido a las familias más desfavorecidas; actividad internacional como el ingreso en MERCOSUR o el anuncio de la retirada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del Sistema Interamericano de Justicia. Muy poco para una personalidad hiperactiva como la suya. Las divisiones entre el chavismo son evidentes tras alejar del aparato del partido a algunos que se postulaban como hipotéticos sucesores, designándoles para puestos relevantes en diferentes estados.
Al chavista programa de más "patria", el candidato de la oposición Henrique Caprile se enfrenta con más "progreso" recorriendo incansablemente el país de un extremo a otro y ofreciendo una envidiable vitalidad y dinamismo que hace más palpable el evidente deterioro físico del presidente. La oposición ofrece una imagen de cohesión y moderación sin precedentes en el país y sus dirigentes se esfuerzan en no caer en la provocación, lo que ha permitido una subida espectacular de Caprile en las encuestas que dejan el resultado electoral en manos del 20% de indecisos.
Desde Estados Unidos se sigue con preocupación el desarrollo del proceso electoral y se hacen votos para que se desarrolle sin incidentes y con limpieza. Téngase en cuenta que ambos países están sin embajadores desde 2010 y que la Oficina Nacional para el Control de las Drogas ha denunciado recientemente que el 24% de la cocaína que llega a EEUU (unas 200 toneladas) procede de las pistas clandestinas de las llanuras occidentales venezolanas. No hace tanto que el gobierno norteamericano acusó a varios altos mandos venezolanos, entre ellos el actual ministro de Defensa H. Rangel, de cooperación con las FARC.
Desde Cuba la preocupación no es menor ante el riesgo de perder los más de 100.000 barriles diarios de petróleo y otras millonarias donaciones de su aliado, hasta el punto de que ha trascendido la sugerencia de los Castro para que Chávez adopte un prudente retiro y designe un sucesor bajo su control.
En Colombia la expectación es máxima ante la sucesión del "nuevo gran amigo" con el que se han descongelado las frías relaciones heredadas del uribismo; se teme la llegada al poder de los ultra chavistas y se mantiene una cauta e ilusionada esperanza en un Caprile con quien las relaciones alcanzarían el nivel óptimo especialmente en la lucha contra el narcotráfico y en privar a las FARC de sus santuarios venezolanos.
Pero quizás sea el gobierno brasileño quien puede tener mayor influencia y, por qué no, asumir mayores responsabilidades en la transparencia del proceso electoral y en el respeto al orden constitucional por parte de los dos candidatos, gracias a la proximidad ideológica con la presidenta D. Rousseff.
Entre las organizaciones regionales, quizás sea UNASUR la que pueda prestar un más eficaz apoyo a la transparencia de este proceso. Las restantes organizaciones no son respetadas por el gobierno chavista salvo, obviamente, la ALBA de cuyos radicalizados miembros poco puede esperarse.
Un reciente informe del International Crisis Group establece dos escenarios negativos que podrían generar protestas de la oposición y la confrontación abierta con los partidarios del gobierno. El primero sería el no reconocimiento por parte del chavismo del resultado de las elecciones si no le son favorables, llegando al recurso de la violencia, como pretexto para retener el poder. El segundo consistiría en retrasar la votación en el caso de que la salud de Chávez se deteriore sensiblemente, utilizando para ello el poder judicial, y de esa manera ganar tiempo para elegir un candidato sustituto.
Confiemos en que no se presente ninguna de estas dos situaciones. El pacífico pueblo venezolano no se merece algo así y debemos sostenernos con los brotes de esperanza que nos ofrecen la responsable unidad de la oposición, la profesionalidad de los militares, así como la reconocida fortaleza y autonomía del sistema electoral venezolano.
* Manuel González Peña es Coronel de Infantería y ha sido
Agregado de Defensa en Colombia y Ecuador (1994-98)

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