El 7 de octubre de 2001, con el respaldo de la comunidad internacional tras los atentados del 11 de septiembre, la Operación Libertad Duradera dio inicio cuando las fuerzas especiales de Estados Unidos ingresaron en territorio afgano para contactar con la denominada Alianza del Norte y definir la estrategia a seguir contra los talibanes. Treinta y tres días después Kabul fue tomada, terminando así con el fundamentalista régimen talibán, la disparidad de fuerzas entre los dos bandos había resultado evidente y, por momentos, parecía que lo único que faltaba era atrapar a Osama Bin Laden.
Ocho años después, Bin Laden no ha aparecido, los generales siguen solicitando más tropas, los aliados reconsideran su postura y, tras lo que había sido una intervención militar con apoyo casi unánime, a día de hoy tan sólo el 38% de los estadounidenses respalda la guerra. En seis meses Afganistán se convertirá en la guerra más larga de la historia de los Estados Unidos y la sombra de las derrotas de los imperios británico y soviético en el mismo lugar se extiende cada vez más sobre un conflicto en el que no se vislumbra la solución.
Ayer mismo, Barack Obama se reunió con líderes congresistas para discutir ampliamente sobre la estrategia a seguir en Afganistán. Sobre la mesa estaban el famoso Informe McChrystal, en el que el máximo responsable militar en el país asiático analiza a fondo la situación y solicita un aumento de alrededor de 40.000 tropas más, y la opción propuesta por el vicepresidente Biden, que se inclina por un incremento de operaciones de inteligencia, fuerzas especiales y ataques específicos con vehículos no tripulados, manteniendo el número de tropas en los 68.000 actualmente autorizados.
Los republicanos instaron al presidente a ordenar el aumento de tropas sin más dilación pues "el tiempo no está de nuestro lado", según señaló el senador y ex-candidato a la presidencia John McCain. Por su parte, los demócratas mostraron un apoyo casi incondicional a cualquier decisión que tome el presidente, pero no se muestran muy convencidos con la opción de incrementar las tropas sin antes haber definido los objetivos que se persiguen. Otro ex-candidato a la presidencia, el senador demócrata John Kerry puntualizó que "sería irresponsable" enviar más tropas hasta que no quede claro "qué es posible en Afganistán".
El presidente Obama señaló que reducir las tropas no es una opción y que aún no se ha decidido sobre el incremento de tropas tan importante que solicita el general McChrystal. Obama se reunirá el viernes con su equipo de seguridad nacional y tratará de definir una estrategia que sea comprensible para sus ciudadanos, sus aliados y los mismos afganos que nunca imaginaron que la Libertad Duradera fuera a durar tanto.

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