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Cinco inexactitudes sobre la crisis hondureña

Ricardo Angoso

   martes, 06 de octubre de 2009

Durante las últimas semanas, pero sobre todo desde la llegada del depuesto ex presidente Manuel Zelaya a Tegucigalpa con la ayuda de los gobiernos de Brasil, El Salvador y Venezuela, que han querido con este gesto atizar el "fuego" hondureño, hemos asistido desde casi todos los medios a una auténtica campaña "mediática" que tiene más de propaganda que de desempeño periodístico por arrojar algo de luz a este verdadero embrollo.

Así las cosas, y con las espadas todavía en alto entre los dos bandos en liza, conviene que repasemos cuales son las inexactitudes que nutren las "municiones" teóricas de este verdadera campaña contra la verdad y la verdadera objetividad, algo que lleva brillando por su ausencia desde el comienzo de esta crisis, allá por enero de este año.

Manuel Zelaya en la ONU / © ONU

Justamente, cuando Zelaya anunció su deseo, contraviniendo el ordenamiento político y constitucional hondureño, de convocar una consulta ilegal para perpetuarse en el poder y, una vez conseguido dicho objetivo, disolver el parlamento legítimamente elegido por los ciudadanos a los que representaba y fundar régimen siguiendo la estela de Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, sus aliados en la Alianza Bolivariana para los Pueblos Nuestra América (ALBA).

La radicalización del país estaba servida, avanzaba el proyecto totalitario para Honduras. Ahora es el momento de repasar esas mentiras que justifican el regreso a la violencia revolucionaria en las calles hondureñas y que han vuelto a llevar al abismo a un país que se debate, por mucho que les pese a nuestros dirigentes políticos y diplomáticos, entre la libertad y la dictadura. La mentira no puede servir ahora para justificar una confrontación civil entre hondureños y que la sangre sea derramada de nuevo en aras de espurios intereses.

1. La destitución del presidente Manuel Zelaya, acaecida el 28 de junio, fue un golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas.

El presidente Manuel Zelaya, que había llegado al Gobierno en enero del año 2006, apoyado por su partido, el Liberal, había ganado las elecciones con un programa conservador y apoyado por una masa social que creyó en su ideario centrado en la lucha contra la pobreza.

Tampoco se habló nunca, ni antes ni después de la campaña, de romper los lazos que unen a Honduras con los Estados Unidos y, en general, con el mundo libre. Luego cambió de rumbo, ingresó en la prosocialista ALBA, colocó en el ejecutivo a connotados y conocidos dirigentes de la izquierda y anunció, en contra de la Constitución hondureña, su intención de reelegirse para convocar un legislativo constituyente con la intención de fundar un nuevo régimen.

Unos días antes de su destitución por el ejército, Zelaya ya había sido desautorizado por el Tribunal Supremo Electoral, por la Corte de Justicia, por el Congreso Nacional de la República e incluso por su propio partido. Estaba fuera de la Ley, vulnerando todas las Leyes y principios constitucionales; la destitución de Zelaya por parte del ejército y su posterior salida fueron la respuesta constitucional de un sistema político bajo amenaza y sometido a una enorme presión para que cambiase su naturaleza democráticas en aras de legitimar un proyecto caudillista, autoritario, populista y de corte prosocialista. Por hablar, de sus nuevas alianzas: el Irán de Ahmadineyad, la Cuba de los hermanos Castro y la Venezuela de Chávez.

2.El actual conflicto hondureño responde a causas endógenas y al deseo de la oligarquía local por seguir controlando la vida política de este país.

Constituye una de las mayores mentiras que sustentan la actual posición de la comunidad internacional, que haciendo gala de un servilismo a las tesis de Chávez rayano en el espíritu cortesano ha condicionado que el régimen venezolano haya impuesto sus posiciones sin discusión. Los argumentos de Chávez con respecto a Honduras se basan en la falacia, la propaganda "antiimperialista" y la manipulación mediática. También en la actualidad mantienen esos argumentos los foros internacionales, entre los que destacan con luz propia la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Naciones Unidas. Los Estados Unidos, con un Obama que está atrapado entre dos fuegos en la región, y la Unión Europea (UE), convencida por nuestro Gobierno para que apoye de una forma sorpresiva a Zelaya, han caído en la trampa y han secundado el juego de Chávez.

Pero que nadie se engañe: en la crisis hondureña hay razones endógenas, pero también exógenas. Honduras era parte del proyecto hegemónico, ideológico y estratégico de Hugo Chávez. En Honduras, puesta en el punto de mira del proyecto de Chávez desde la llegada de
Zelaya, convergían múltiples intereses, desde políticos y económicos hasta geoestratégicos y hasta otros más espurios -cada vez parece más firme y fehaciente la sospecha de que Venezuela utilizaba pistas hondureñas para llevar cargamentos de droga hacia Europa y los Estados Unidos-.

Una vez controlados El Salvador, Honduras y Nicaragua, pensaba Chávez, el resto de los países de Centroamérica caerían como un castillo de naipes y la revolución bolivariana, por obra y gracia de Zelaya, estaría a las puertas del "imperio del mal", los Estados Unidos de América. Zelaya era tan sólo una marioneta, pues para llevar a cabo su proyecto, Chávez contaba en Honduras con toda una cohorte de agentes castristas, prosandinistas convencidos y chavistas de pro que, sin ningún rubor, desdeñan la democracia, como la ex canciller Patricia Rodas, cabeza de lanza del proyecto bolivariano para Honduras.

3. La única salida a la actual crisis pasa por la restitución de Zelaya a la presidencia del país.

Zelaya es el problema y no la solución. Su figura ha concitado, en apenas unos meses, el rechazo de todas las instituciones del país: la Iglesia católica, las asociaciones gremiales y empresariales, la mayor parte de las confesiones religiosas (judíos y evangelistas, por ejemplo), las Fuerzas Armadas, los partidos tradicionales, el poder judicial, el parlamento hondureño y casi todos los medios de comunicación.

No había nadie, o casi nadie, en la escena social, política, económica y cultural hondureña que el 28 de junio, aquella jornada fatídica, que apoyase el proyecto totalitario que representaba Zelaya; su soledad política era total y los resultados a la vista están. Su regreso tan sólo ha sido fuente de nuevos conflictos y ha avivado el riesgo de una confrontación civil de incalculables consecuencias, no ya sólo para Honduras, sino para toda la región.

4. Las actuales autoridades hondureñas no tienen legitimidad democrática.

En primer lugar, el país funciona, en lo institucional, a la perfección, pues todos los mecanismos del Estado de Derecho han seguido operativos tras la destitución de Zelaya y han dado una rápida respuesta a la crisis, permitiendo una continuidad constitucional ejemplar y digna de encomio. Y, en segundo lugar, no debemos olvidar que el actual presidente, Roberto Micheletti, presidía el Parlamento en el momento de la destitución de Zelaya; su elección para el actual cargo se hizo ateniéndose al ordenamiento político y constitucional hondureño, sin contravenir las Leyes y siguiendo el "guión" institucional previsto para estos casos. Fue elegido por el parlamento y, llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿No reside, acaso, la soberanía nacional de los países en sus parlamentos libremente elegidos por sus ciudadanos? Si no es así, entonces ¿en dónde reside la legitimidad democrática de los gobiernos?

5. Las elecciones convocadas para noviembre son ilegítimas.

Roberto Micheletti presidente "de facto" de Honduras

Finalmente, vayamos con el asunto de la legitimidad democrática del actual ejecutivo hondureño. Decir que el actual gobierno hondureño no tiene legitimidad para organizar y celebrar las mismas es una incongruencia política, pues desautorizaría la naturaleza y la validez de todas las Transiciones a la democracia en Europa occidental y oriental y en la misma América Latina, donde fueron los regímenes autoritarios los que organizaron los comicios que propiciaron y permitieron el cambio político y la posterior consolidación de las incipientes (y nuevas) democracias.

Si esa aseveración tuviera validez y se considerase dogma de fe, la de que no carece de legitimidad el actual gobierno de Tegucigalpa, las Transiciones democráticas de España, Portugal y Grecia, por poner tan sólo tres ejemplos cercanos, nunca hubieran concluido con éxito.

Como dice el analista y ex canciller mexicano Jorge Castañeda, al que cito textualmente: "Todo ello conduce a un callejón sin salida, o a una posible trampa montada por Chávez y el ALBA en la que parecen haber caído ya España, Argentina, México y otros.(.) Nadie con un mínimo conocimiento de la historia de los últimos 30 años puede argumentar la ilegitimidad por una razón: por definición, el proceso fundacional de un régimen democrático que sustituye a uno autoritario proviene de elecciones organizadas por una dictadura o su equivalente, con mayores o menores niveles de negociación, supervisión internacional o unilateralidad del régimen saliente. En Chile, en 1988, Pinochet impuso el referéndum con sus propias condiciones; en España, en 1977, el rey Juan Carlos logró una importante negociación previa; y en varios de los países del este europeo las elecciones las realizaron los regímenes autoritarios salientes, cuyo mejor ejemplo fue el de Jaruzelski en Polonia. En 1994, en Sudáfrica, fue el régimen del apartheid el que administró el proceso electoral en el que triunfó Mandela. No hay otra manera de hacerlo cuando se trata de una transición pacífica a la democracia. Por ello la tesis de ilegitimidad carece de sentido". Es decir, la salida de la crisis política actual pasa porque los hondureños tomen la palabra de una forma democrática y decidan su futuro sin intromisiones externas.

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Comentarios
Añadir comentario Total comentarios 2
hs
29/01/2010 3:33:12
Respuesta a Javier Vinueza: Para empezar creo que "para muestra un botón"; quién rayos quiere seguir alineamientos de Venezuela ó Cuba a esta altura de la historia? No se trata de terror irracional de la derecha sino que son hechos factibles que estos paises no han prosperado, todo lo contrario, la calidad de vida de sus habitantes va en menoscabo. Así que las 5 inexactitudes no necesitan corrección! 23   32
Javier Vinueza
16/11/2009
Por lo visto hay que hacer 5 correcciones a las llamadas 5 inexactitudes que afirmas: 1) Fue notorio ante la opinión pública que primero echaron a Zelaya del país y luego se reunió el Congreso y la Corte Suprema a validar lo actuado por el ejército y no al revés. 2) Que yo sepa el actual conflicto responde al terror irracional que tiene la derecha hondureña de que se instale en el poder un gobierno afín al presidente Chavez (si no fuera así porque tenían tanto miedo a que se convoque un referendo para posibilitar que se reforme la constitución??) 3)Aparte de Zelaya, todo el resto del gobierno responde al interés de la derecha hondureña, dejar el poder en manos de quienes dieron el golpe sería validarlo y tampoco puedes escoger a dedo a un tercero. 24   27
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