Tras el abandono del escudo antimisiles en Europa y flexibilizar el rechazo al plan de asentamientos israelíes, ahora la Administración Obama está considerando un nuevo cambio - el segundo en seis meses- en la estrategia a seguir en Afganistán. Entre las alternativas que se barajan estaría reducir las tropas norteamericanas, en lugar de aumentarlas, y concentrarse en erradicar Al Qaeda en Afganistán y Pakistán.
Este plan, preconizado por el vicepresidente Joseph R. Biden en marzo, y rechazado entonces, puede que tampoco tenga mucho predicamento ahora, pero si evidencia las dudas que existen en Washington sobre lo que ha funcionado en la región y lo que no, precisamente en el momento que el Senado acaba de aprobar una ayuda a Pakistán de 1.500 millones de dólares anuales durante cinco años. Una medida que parece avalar la teoría de Biden que es en Pakistán donde se encuentra la principal amenaza a los intereses de seguridad de EEUU y sin embargo solo se dedicaba 1$ por cada 30$ gastados en Afganistán.
La propuesta de Biden aboga por cambiar totalmente la estrategia: en lugar de incrementar fuerzas, reducir la presencia militar norteamericana; en vez de tratar de proteger a la población afgana de los talibán, concentrarse en atacar a las células de Al Qaeda - principalmente en Pakistán- empleando fuerzas especiales, ataques con Predator y otras tácticas puntuales. Es decir, centrarse en el contraterrorismo en lugar de primar la contrainsurgencia.
La revisión radical de las opciones que existen en Afganistán obedece a una serie de circunstancias. En primer lugar el deterioro progresivo de la situación por la actividad creciente de los talibán que dominan un 68% del territorio, pero también por el desarrollo de las elecciones, cuyo el resultado está aún por decidir ante las alegaciones de fraude, pero que, en cualquier caso, reducirán la legitimidad de Karzai. A todo esto se ha sumado el crudo informe del general Stanley A. McChrystal -respaldado por el general Petraeus y el Pentágono- que advierte del peligro de fracaso si no se dispone de unos recursos adecuados.
Las dudas y vacilaciones sobre la estrategia a seguir en Afganistán - una "guerra necesaria" como la califico el presidente hace solo un mes- también tienen que ver con el cambio de la opinión publica que se esta produciendo en Estados Unidos y los países aliados cada vez más reacios al incremento de tropas ante la falta de resultados, pero cuanto más se demore la decisión, más difícil será lograr la estabilidad de Afganistán.
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