El pasado jueves día 14, el presidente norteamericano, Barack Obama, tomó la decisión de abandonar el proyecto de instalar un escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, previsto para hacer frente a las posibles ataques de misiles iraníes de largo alcance. Será sustituido por otro de misiles interceptores SM-3 de corto y medio alcance que será menos costoso.
La decisión representa un giro copernicano en la tradicional estrategia norteamericana no solo porque cambia drásticamente la de su predecesor, George Bush, en un tiempo relativamente corto, apenas 9 meses desde su toma de posesión, sino también debido a que supone el inicio de un cambio crucial de la vieja doctrina geopolítica de la contención a una nueva de acercamiento.
Es verdad que con esta decisión Obama pretende conseguir las ventajas de una relación más colaboradora con Rusia - de la que ya ha recibido el permiso para el tránsito de convoyes norteamericanos hacia Afganistán -, esperando su apoyo en la cuestión nuclear iraní, en Afganistán, en la reducción mutua de arsenales atómicos o que abandone su propuesta de instalar misiles en Kaliningrado.
Pero en el lado de los inconvenientes aparecen varias sombras como la percepción de debilidad por haberse rendido a los deseos de Rusia sin contrapartidas evidentes, la continua oposición rusa, en los últimos meses, al incremento de sanciones contra Irán, el haber abandonado a su suerte a Polonia y a la República Checa, la alta dependencia europea del gas ruso, las repercusiones geopolíticas de la invasión de Georgia o de la presión de Moscú en el retraso de Ucrania y Georgia para entrar en la OTAN.
La propuesta de la OTAN, del viernes 15, de un nuevo marco de relaciones con Rusia mediante el trabajo en objetivos comunes como son la lucha antiterrorista y contra la proliferación de armas, Afganistán, la seguridad marítima, revitalizar el Consejo OTAN-Rusia o realizar una revisión conjunta de las amenazas y desafíos comunes a que se enfrentan la OTAN y Rusia indican que existe una postura común aliada en la nueva doctrina de acercamiento.
No cabe duda de que esta decisión tiene importantes derivadas en el marco de las relaciones de poder globales. Supone un principal avance para Estados Unidos en su política de cerco geopolítico a China así como un importante mensaje para Irán. Se nota la pérdida de peso de Europa
Pero también hay otras lecturas. No hay duda de que la decisión de Obama ha sido valiente pero, al mismo tiempo arriesgada. Moscú no se distingue precisamente por proporcionar ninguna concesión a Occidente. En concreto, desde la invasión de Georgia, de agosto del año pasado, Rusia está tomando una postura cada vez más desafiante respecto a Occidente.
En definitiva, el cambio de estrategia beneficia el marco de seguridad europeo y mundial, aunque queda en el aire una duda razonable al depender parte de su futuro de la respuesta rusa. Hasta ahora, no ha dado nada a cambio.

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