Los días pasan y la primavera árabe siria parece no encontrar la claridad del desenlace a su agitada situación. En contra de lo que en un inicio pensaba el presidente sirio, Bashar Al Assad, sus tímidas reformas de apertura de hace casi un año no le han asegurado una revolución calmada. A día de hoy, la situación del país dista de encontrar un punto de equilibrio interno y se acentúa cada vez más el aislamiento internacional a su régimen.
Por otra parte, de modo previsible ante la incapacidad de llegar a unas conclusiones fiables tras su primer mes de trabajos, la Liga Árabe daba luz verde esta semana a extender el tiempo de su polémica misión de observadores internacionales. Un nuevo segundo asalto, esta vez no extento de división interna dentro de la propia entidad árabe, donde se intentará poner fin a los trabajos de eleboración de conclusiones sobre la turbulenta situación que el país vive.
Sin embargo, la prolongación de la discutible misión de observadores no parece acabar de satisfacer a nadie. Por un lado, la oposición siria cada vez esta más convencida de la ineficiencia de los observadores, viendo como la tan esperada intervención de sus países vecinos se ha convertido en tan sólo un espectador más de la espiral de violencia en Siria. Por otro lado, las divisiones internas en el seno de la organizacion árabe han empezado a aflorar a la superficie. En esta dirección habla el movimiento del ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudi, Saud al Faisal, quien el domingo anunciaba el retiro de sus observadores participantes en la misión. Una decisión que el martes era secundada por los países miembros del Consejo de Cooperación de los Estados del Golfo (CCG) ante la incapacidad de Damasco de cumplir con el plan árabe para evitar la violencia pactado el pasado mes de diciembre.
No obstante, la continuación de la misión de observadores parece no haber asustado al presidente sirio, muestra de ello es el anuncio de aceptación de la prórroga de la misión de la Liga Árabe hasta el próximo 23 de febrero. En cambio, si parece haber irritado a Bashar al Assad la propuesta de plan político ideado para su cesión de poder. El plan de transicion politica de la Liga Árabe cuenta con el precedente del plan de salida del presidente yemeni Ali Abdullah Saleh, clave para recaudar apoyos a nivel internacional. La propuesta presentada esta semana establece una nueva ronda de negociaciones entre oposición y régimen, el traspaso del poder de al Assad a su viceministro en favor de la creación de un gobierno de unidad nacional y la realización de elecciones libres en un plazo de tres meses.
En un discurso acorde a las últimas apariciones populistas del presidente al Assad, donde la línea de acusación de estar bajo el punto de mira de una conspiración internacional se mantiene, este martes era su ministro de Exteriores, Walid al Mualem, quien cargaba en una rueda de prensa contra la injerencia del plan de la Liga Árabe. Otro ejemplo más de la insistente diplomacia del líder sirio en su intento acérrimo de desligitimación internacional para fomentar el fervor nacional de sus seguidores a medida que su abandono internacional crece.
¿Hacia una intervención internacional inevitable?
La decisión de Arabia Saudí y los estados del CCG es un paso más hacia el colapso probable de la misión de observadores de la organización árabe. El hecho de que seis países miembros de la entidad se hayan retirado de su trabajos, tiene un significación y un peso clave para llevar su plan de transición al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En otro orden de cosas, refuerza también la influencia del poder político de Qatar y Arabia Saudí en la organización. Arabia Saudí vuelve de este modo al mando del plano político del mundo árabe siendo otra vez un posible líder relevante para los próximos meses. Por otra parte, la debilidad de la misión lleva lentamente hacia una internacionalización forzosa del conflicto donde la implicación de la comunidad internacional es clave para decidir si el plan de actuación de la Liga Árabe supera las barreras del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Los trabajos de la misión han sido desde un inicio controvertidos. De esta manera, la nueva orientación de actuación propuesta por la Liga Árabe da un nuevo margen para hacer de la misión de observadores una parte más pequeña de un nuevo plan de intervención donde la implicación de distintos actores internacionales está asegurada. Queda por ver si la capacidad diplomática del organismo es capaz de ganar el apoyo de todos los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y en especial de Rusia, hasta hoy contrario a cualquier intervención contundente en Siria.
Un complejo escenario político donde Rusia pasa a estar en el punto de mira de la actuación internacional, convirtiéndose en el poste clave que puede decantar el avance del plan árabe para la salida de Al Assad más allá del Consejo de Seguridad. El país sigue a día de hoy siendo el último enclave internacional del régimen del presidente sirio. No obstante, en previsión ya de una presión creciente, Moscú confirmaba el miércoles estar dispuesta a negociar propuestas constructivas.
Llega el fin de otra semana de divisón politica, en donde poco a poco la externalización del conflicto parece casi ya inevitable. La dirección en la que la intervención internacional se desarrolle depende aún del grado de implicación absoluta de la diplomacia occidental y el éxito de la unaminidad de cualquier decisión. El nuevo plan de la Liga Árabe se convierte hoy en decisivo para propulsar una alternativa diplomática para la ya complicada solución a la revolución en Siria que sigue amenazando a toda la región con llevar su escalada de violencia fuera de sus fronteras.
Daniel Rajmil es politólogo

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