Hay que ser muy claros y contundentes. México no es, ni lo va a ser, un Estado fallido. Además, este país, más pronto que tarde, acabará ganando la guerra contra el narcotráfico. No es un Estado fallido porque la violencia no es generalizada ni carece de control sobre el territorio. Los titulares de prensa son muy llamativos cuando hablan de matanzas en México, pero en realidad la situación afecta sólo a 6 de los 32 estados de la República: Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Michoacán y Guerrero. El 80 por ciento de los 28.353 muertos por la narcoguerra ocurrieron en 162 municipios de los 2.456 que existen en México.
Por lo tanto, en México, más que de estado fallido habría que hablar de ciertas zonas, territorios e instituciones, sobre todo locales, fallidas, que están en manos del narcotráfico. Como subraya el experto mexicano en temas de narcotráfico Raúl Benítez Manaut "se podría afirmar, entonces, que se trata de un Estado solo parcialmente fallido, en la medida en que el fracaso se concentra en las estructuras de seguridad, inteligencia, policiales y de justicia para combatir el narcotráfico".
La mayoría de las acciones de los narcos contra el Estado no pasan de ser una demostración de poder por parte de la delincuencia, un desafío a los políticos, en esa nueva forma de guerra a la que se enfrenta México, donde el enemigo no es otro estado sino organizaciones mafiosas y terroristas. No será una guerra fácil ni corta la que le espera a México, como ha anunciado el propio presidente Calderón ya que "la delincuencia se ha convertido no sólo en la principal amenaza de la paz, la seguridad y la libertad de los mexicanos, sino también en el mayor riesgo para nuestro desarrollo y para la estabilidad democrática del país.la única manera de detenerlos es a través, incluso, de la fuerza pública, que va necesariamente a traer, por lo menos en el corto plazo, también violencia". Pero México, una de las diez principales economías del planeta, posee un estado (y unas fuerzas armadas) lo suficientemente poderosas y una sociedad civil bien estructurada como para acabar con los cárteles.
Pero si bien es verdad que México no es un Estado fallido y la guerra finalmente la ganará el estado, muy diferente es la situación en Centroamérica. El triángulo norte formado por Guatemala, El Salvador y Honduras corre serio peligro de convertirse en una zona cooptada por los carteles del narcotráfico, los cuales ya se están aprovechando de la debilidad de los estados de la zona y la corrupción que impera, y de la que ellos mismos son capaces de generar.
Centroamérica va camino a convertirse, a medio plazo, en una región de enorme inestabilidad y a ser, como ya ocurriera en los años 80, en el epicentro de una crisis de alcance regional. En la guerra de los pequeños estados centroamericanos contra los cárteles, el papel de los Estados Unidos, así como el de México al norte y Colombia al sur, será determinante, pues poco pueden hacer esos pequeños estados contra la organización y el poder económicos de los cárteles. La Iniciativa Mérida (550 millones de dólares repartidos entre los países centroamericanos, México y otras naciones del Caribe) resulta ridícula frente a los 30.000 millones de dólares que mueven los narcos.
Por el momento, en esa zona está creciendo un monstruo. Como asegura Joaquín Villalobos "Centroamérica y el Caribe reúnen condiciones óptimas para convertirse en una narcorregión que podría incluir varios Estados fallidos, una violencia endémica brutal y emigraciones más masivas que las actuales. La región tiene muchos espacios con ausencia o debilidad del Estado.cuando especulamos con los montos de la economía de la droga y su impacto sobre los micro-Estados del Caribe y Centroamérica, resulta obvio que estos no pueden resolver solos el problema y que la inseguridad los terminará volviendo inviables. En cualquiera de esos países, el narcodinero es suficiente para construir poderes fácticos que dominen territorios y población y coopten o sustituyan al Estado. Allí cualquier capo con unos cientos de millones puede comprar o poner de rodillas a policías, jueces, empresarios, periodistas, generales, y hasta presidentes".
En resumen, frente al narcotráfico, y sus cada vez más poderosos cárteles, sólo caben políticas integrales y de cooperación. Integrales para que abarquen desde el cultivo a la venta, desde el apoyo al campesino a políticas de prevención y educación para la juventud, pasando por la lucha contra el narcotraficante y el que se dedica al narcomenudeo; y de cooperación entre los países implicados (combate al tráfico de armas, al lavado de dinero, coordinación de las políticas de inteligencia) sin caer el manido recurso de culpar al otro (el que produce o el que consume) del narcotráfico. Sólo así ganará México la guerra y sólo así se evitará que el cáncer narco haga metástasis en Centroamérica.
* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).

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