Que los grupos terroristas se ayudan entre ellos no es una novedad y ocurre al menos desde los años 70, cuando el fenómeno terrorista alcanzó dimensiones mundiales (guerrillas iberoamericanas, terrorismo palestino y árabe, grupos terroristas y separatistas europeos.). En la actualidad, en América latina ocurre algo similar: la guerrilla más exitosa del continente, las FARC (cuya lucha se remonta a los años 60 y que en los 90 tuvo en jaque al Estado colombiano) ha logrado crear una amplia red de contactos y alianzas que van más allá de Colombia y que trascienden la región e incluso saltan el Atlántico.
Es algo ya sabido que miembros de ETA formaron a varias decenas de miembros de las FARC en "al menos seis campos venezolanos" entre 2003 y 2008, según confesaron cuatro ex miembros de la guerrilla colombiana a policías españoles. El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco investigó los indicios de una "manifiesta cooperación gubernamental" del Ejecutivo venezolano "en la ilícita colaboración entre las FARC y ETA".
Pero a su vez las FARC son un modelo a imitar por otros grupos guerrilleros y terroristas en la región. De sobra son conocidas las vinculaciones entre la guerrilla colombiana y los grupos más radicales y extremistas paraguayos.En 2005 asesoraron y apoyaron al grupúsculo Patria Libre que secuestró y asesinó a Cecilia Cubas. El Ejército del Pueblo Paraguayo, heredero de Patria Libre, adopta un modus operandi similar y ha estado históricamente relacionado con las FARC.
Pero después de las Farc el grupo guerrillero más importante en Iberoamérica es Sendero Luminoso, que si bien no es ya la fuerza poderosa que en los años 80 puso en jaque al Estado peruano, tiene capacidad de fuego gracias a sus vínculos con el narcotráfico. No son ya "idealistas" (y asesinos) luchadores maoistas sino simples sicarios del narcotráfico, lo cual no les resta peligro pues solo hay que recordar que los Zeta mexicanos empezaron como sicarios y han acabado siendo uno de los grandes cárteles del narcotráfico.
Según un informe del diario colombiano "El Tiempo" las FARC tienen entre sus prioridades fortalecer el entrenamiento, ideología y "lucha armada" de Sendero Luminoso. Gracias a los análisis del material de los ordenadores de "Raúl Reyes", la inteligencia colombiana descubrió la cooperación entre los dos grupos subversivos. Las FARC han enviado a los peruanos vídeos para instruir en técnicas de ataque y reclutamiento y han preparado a guerrilleros peruanos en sus campos de entrenamiento. El propio Alan García confesó que los movimientos guerrilleros en Sudamérica siempre buscan alianzas y que en otras épocas se quiso formar "un escuadrón Bolívar, que uniera a los terrorismos de diversos países, mal utilizando el nombre del libertador Simón Bolívar".
El asesoramiento de la FARC a Sendero habría además dado otros resultados: no es casualidad que la guerrilla peruana esté tratando de infiltrarse en las universidades peruanas, en concreto en la prestigiosa de San Marcos. Se trata de una estrategia ya utilizada y ya conocida en Colombia, pues las células de las Farc siempre han captado apoyos entre los grupos de estudiantes universitarios radicalizados. En Perú estaría pasando algo similar.
Qué conclusión cabe sacar de todo esto. Perú y Colombia no se enfrentan a unas guerrillas comunistas capaces de derrumbar el estado democrático. Eso es ya historia. Se enfrentan a cárteles de la droga, muy bien armados, y con capacidad de corromper el estado gracias a sus ingresos multimillonarios. No se trata de guerras aisladas y sin conexión. Si "los malos" se unen y coordinan, "los buenos" deben unirse y combatir coordinadamente la amenaza del crimen organizado. Esa es la lección que se debe extraer y por lo cual el apoyo consciente o inconsciente que Venezuela presta a las Farc es justo el camino por el que no debe ir la región. Dar de comer al monstruo acaba siendo el germen de tu propia destrucción. Como dice Álvaro Uribe "no basta con que nos den palmaditas de pésame, (sino) que todos tenemos que comprometernos a combatir el terrorismo".
* Rogelio Núñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).

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