Después de más de 30 años de relaciones en el campo de la defensa entre Brasil y Estados Unidos, el día 12 de abril se firmó entre ambos países un inédito acuerdo amplio de cooperación en estas materias.
Este incluye ámbitos muy relevantes como la investigación y el desarrollo, los apoyos logísticos, la seguridad tecnológica, la adquisición de productos y servicios de defensa, intercambio de información y experiencias adquiridas en el campo de las operaciones y la utilización de equipamiento militar nacional y extranjero, en las operaciones de mantenimiento de la paz, en la áreas de tecnología de la defensa, entrenamiento e instrucción militar combinados, operaciones conjuntas, colaboración en asuntos relacionados con sistemas y equipamiento militar, dejando abierta la posibilidad de otras áreas militares que sean de interés mutuo de las partes.
Simultáneamente, y a propósito de las experiencias recientes sobre temas idénticos de acuerdos militares con Estados Unidos, el gobierno brasilero ha explicitado su posición relativa a que este acuerdo no incluye la presencia física de militares estadounidenses asentados en bases desplegadas en territorio nacional.
De la misma forma, y siendo consecuente con los avances en el proceso de integración de UNASUR, se incorporaron cláusulas que dejan claramente especificadas las condiciones de respeto mutuo a los principios de la soberanía nacional, la integridad e inviolabilidad territorial y la no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Para esto se remiten a los textos fundamentales de Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
Sin lugar a dudas que estas afirmaciones que le dan un marco general apegado al derecho internacional y a las bases de principios políticos actualmente aceptados, es un espacio de garantía vital para el desenvolvimiento de estos acuerdos en materias tan sensibles.
¿Qué ganan ambos países? Brasil ratifica su posición de un actor relevante en la escena mundial y principalmente en la subregión latinoamericana, que tiene que ser considerada por la superpotencia. Los niveles del acuerdo también nos hablan de la estatura que en el campo de la defensa ha adquirido Brasil, específicamente en los ámbitos de la investigación y el desarrollo y la producción de sistemas de armas modernos, así como de su multifacética conexión con centros de poder en estas materias, lo que produce un equilibrio a través de un amplio arco de relaciones. Debemos recordar que está en proceso de compra de aviones de última generación, para lo cual se muestra como la opción más probable la realizada por Francia, así como contactos con Rusia y China en otras esferas. Es una forma de decirle a Estados Unidos, que en la amplia gama de contactos, ellos también tienen su espacio.
Para Estados Unidos es una posibilidad de recuperar espacios de relaciones en el ámbito de la defensa menos cuestionados que los llevados hasta hace una década, y sobre todo del más reciente firmado con Colombia. Le permite ganar una nueva oportunidad de relaciones con el actor más importante de la subregión, que aplaque las críticas de los países del ALBA y la fuerte penetración de otros actores extra continentales, principalmente China y Rusia. Si bien las relaciones de Estados Unidos con nuestros países en el campo de la defensa siempre han sido profusas, éstas habían derivado en un franco deterioro a propósito de los nuevos gobiernos de izquierda radical (Venezuela, Ecuador y Bolivia), así como por los efectos de la ratificación del Tratado Penal Internacional, que dejaba en un limbo jurídico a la presencia de militares estadounidenses en esta región. Todo ello derivó en tensiones y desdibujamiento del intercambio militar, en que el gran perdedor era Estados Unidos.
Lo que también queda claro en el espíritu y la letra del Acuerdo, es que el tipo de relaciones en el ámbito militar hoy deben ser de nuevo tipo, en el sentido del respeto mutuo entre naciones soberanas, pero también fundado sobre cimientos cruciales relativos a la soberanía y la no injerencia en asuntos internos de los Estados, soslayando las asimetrías entre los estados latinoamericanos y la súper potencia estadounidense.
Por lo tanto, es indudable que existe una ganancia mutua, pensando en sus propios intereses nacionales y la proyección internacional de éstos, pero también en la consolidación de ciertas ideas fuerzas que avanzan con los procesos de integración subregional.
*Carlos Gutiérrez Palacios es Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile.
Es Director de la ONG Centro de Estudios Estratégicos, en Chile.

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