La gira de Hillary Clinton, que finalizó el sábado pasado, tiene mucha más trascendencia de los que parece a simple vista. La Secretaria de Estado de Estados Unidos estuvo en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Costa Rica y Guatemala. Ese viaje se enmarca dentro del intento de Barack Obama de no perder terreno en América latina, algo que ha venido ocurriendo en los últimos meses.
Obama enamoró a la región en sus primeros contactos con los dirigentes de la zona, en especial durante la cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en abril 2009. Michelle Bachelet lo explicó gráficamente cuando aseguró que "hemos asistido a un cambio de la relación de los Estados Unidos con América del Sur". Hasta Hugo Chávez parecía encandilado: "el presidente Obama dijo cosas interesantes. He tomado nota. Ver para creer".
Luego la situación se torció. El golpe de Estados en Honduras resquebrajó a la región y el bloque bolivariano acusó a Obama de no ser contundente con respecto a los golpistas e incluso apoyarlos. La situación se tensó más al acordar Colombia y Estados Unidos la utilización de bases colombianas por parte del ejército estadounidense.
Todos parecían tener quejas: México estaba disgustado por la política migratoria, Colombia por la demora en firmarse el TLC, Lula acusaba a Obama de olvidar a la región, el bloque bolivariano (Venezuela, Bolivia y Nicaragua en especial) atacaba a Obama casi de la misma forma como lo hacían con George Bush y en Argentina Cristina Kirchner llegaba a calificar la actitud de Obama hacia la región como de "decepcionante".
En ese contexto, se dio la semana pasada el viaje de Hillary Clinton, en la que han ocurrido hechos notables: la reafirmación de la alianza con Uruguay que nació con el socialista Tabaré Vázquez y que parece que el ex guerillero José Mujica desea mantener. Clinton reforzó lazos con otro de los aliados regionales, Chile, azotado por el terremoto y expresó su apoyo a la dubitativa democracia paraguaya de Fernando Lugo.
Hillary Clinton logró despejar, al menos de momento, los resquemores y roces con la Argentina de Cristina Kirchner. Aunque con Argentina y con los Kirchner nunca se sabe y nunca se tiene la certeza absoluta El único lunar de la gira ocurrió en Brasil por la apuesta de Lula da Silva de tener una política exterior pragmática, aunque eso suponga ir del brazo de "estados canallas" como Irán.
En realidad la gira de Clinton, para resultar efectiva, debería convertirse en la antesala de una gira regional de Obama. En 2011 el presidente estadounidense debe visitar la región si no desea verse superado por otros actores mundiales que aspiran a ganar influencia en Iberoamérica (China, Rusia o Irán). Además, de llevarse a cabo, debe ser una gira con contenido, no un simple recorrido amable lleno de buenas palabras y pocas ofertas concretas. No se trata de que EE.UU. acepte, sin más, todas las peticiones latinoamericanas sino de que las vaya canalizándolas. Sólo así (y tratando de igual a igual a los gobiernos iberoamericanos) el liderazgo y la iniciativa de EE.UU. podrán mantenerse en Iberoamérica.
* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).

Otros artículos del autor
Una Colombia sin Uribe
Brasil y Perú, una alianza estratégica
Regímenes en descomposición
Las elecciones brasileñas en clave regional
La exitosa estrategia Micheletti
Los falsos giros de América latina