Seis secuestrados por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) durante un trimestre han venido siendo utilizados por este grupo terrorista para mostrar las enormes debilidades de Occidente. Ahora que la liberación del rehén francés Pierre Camatte, producida el 23 de febrero cerca de Kidal (Malí), llega después de que su vida se viera amenazada en dos ocasiones algunos creen que los demás rehenes - tres cooperantes españoles y un matrimonio italiano - se producirán a renglón seguido. A tener tal percepción ayuda el hecho de que el ultimátum que pesa sobre la vida del rehén italiano Sergio Cicala expira el 1 de marzo.
En realidad con los terroristas de AQMI no deberíamos de conjeturar nada pues no siguen un modus operandi único. En junio asesinaron a un británico, siempre en la región septentrional de Malí que se habría convertido en la sede de esta pujante industria del chantaje, supuestamente porque el Gobierno de Gordon Brown no aceptó canjearlo por criminales yihadistas presos en cárceles del Reino Unido. El 28 de diciembre tres turistas saudíes eran asesinados en el oeste de Níger, supuestamente al resistirse a ser secuestrados.
Si ahora AQMI ha liberado a Camatte es porque Francia ha dado su brazo a torcer e incluso ha presionado a Malí para que claudique también pues han sido cuatro presos encarcelados en la prisión de Kati, en las cercanías de Bamako, el rescate pagado. Ello ha colocado al Presidente Amadou Toumani Traoré en una posición especialmente incómoda ante sus homólogos de Argelia y de Mauritania y hiere quizás de muerte una aproximación trilateral en materia de cooperación antiterrorista que, por otro lado, es lo que continuamente recomendamos a nuestros socios africanos que pongan en marcha.
Para ahogar cualquier deseo de celebración por haber salvado la vida de un rehén, por otro lado legítimo, no está de más recordar que uno de los dos terroristas argelinos liberados en el paquete - los otros dos eran uno mauritano y el otro burkinabé - estaba acusado de implicación en el atentado suicida contra el edificio que albergaba en Argel las oficinas de varias agencias especializadas de la ONU, en diciembre de 2007: 17 funcionarios de la Organización universal fueron asesinados, aparte de alguna decena más de víctimas también mortales y de múltiples heridos.
Legítimo es pues el enfado de las autoridades argelinas, tanto con Malí como con Francia, como también lo es el de las autoridades mauritanas que habían pedido la extradición de Mohamed Ould Hanemma y este goza ahora de libertad. En Nuakchott se enfrentan además en estos instantes al chantaje de AQMI tanto a Italia como a la propia Mauritania pues por las vidas de Sergio Cicala y de su esposa se pide la liberación de presos encerrados en la cárcel de la capital.
La victoria de los terroristas es y será triple en términos políticos y psicológicos porque están logrando humillar a los países occidentales, por un lado, crear tensiones entre los países europeos y sus socios africanos, por otro, y, finalmente, dinamitar también las aproximaciones intra-africanas que se habían empezado a pergeñar. Por otro lado, y como ocurre con la también impune actividad de los piratas del Cuerno de África, los secuestros de occidentales en el Sahel tienen un pernicioso efecto multiplicador en términos económicos y eso es muy grave en la medida en que puede animar a individuos que no forman parte de la red terrorista a obtener ventajas por colaborar en una actividad liderada por ella. Intermediarios y mensajeros varios no trabajarán gratis y por ello hay que relativizar eso de que por algunos rehenes se exigen sólo presos y por otros sólo dinero.
Tan grave es pagar un rescate como liberar a presos: con el primero se financian futuros ataques terroristas y con lo segundo se abastece al grupo de terroristas para que actúen. En ambos casos triunfa la impunidad y los terroristas se ven animados a seguir actuando. Esto es algo que hay que denunciar y más aún en los momentos en los que lo que se impone es la celebración por la vuelta a casa de los secuestrados.
* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED
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