Estados Unidos lideró una operación multinacional de ayuda humanitaria, Provide Comfort, en cumplimiento de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU del 5 de Abril para atender a la población kurda. La operación se inició imponiendo a Irak una zona de exclusión aérea al Norte del paralelo 36 y desplegando elementos de las fuerzas especiales norteamericanas, que facilitaron el lanzamiento en paracaídas de la ayuda humanitaria, mientras se llevaba a cabo el despliegue de las fuerzas terrestres que iban a proporcionar seguridad, apoyar el regreso de los kurdos, organizar campamentos de refugiados y estabilizar la situación. Se había producido una feliz conjunción para España. Se acababa de firmar el Acuerdo de Coordinación Alfa para articular la participación española en la defensa integrada de la OTAN, que preveía la posibilidad de proyección exterior del Ejército de Tierra. Ocupaba el puesto de Comandante Supremo de la OTAN en Europa (SACEUR) el General John Galvin, amigo de España. Era Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) el Almirante Granizo, que a su vez conectaba muy bien con el Ministro de Defensa, Julián García Vargas, ambos muy competentes. El resultado fue la decisión de enviar a Irak una fuerza terrestre en misión humanitaria con elementos de Infantería e Ingenieros, un escalón médico avanzado y helicópteros de mando y transporte.
A mediodía del 23 de Abril, el entonces segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército, 2º JEME, General Faura, me comunicó en su despacho que había que enviar rápidamente un oficial superior al Cuartel General multinacional de la operación que se estaba organizando en la base turco-norteamericana de Incirlik. A la mañana siguiente partía el que suscribe acompañado del Comandante Corisco, un oficial con el que se podía ir al fin del mundo, volando hacia Ankara, vía Frankfurt, y tras recorrer en una noche media meseta de Anatolia, gracias al apoyo del Agregado Militar, Coronel Mulero, a las 9 de la mañana nos esperaba en la puerta de la base el Capitán Fernando Alejandre, que ya había sido destacado como oficial de enlace unos días antes por la BRIPAC. El Capitán Alejandre, muy eficaz, había preparado una entrevista con el General Zinni, Jefe del Estado Mayor multinacional, donde se concretó la participación española, pendiente de la aprobación de las autoridades. Un rápido viaje de reconocimiento en helicóptero al día siguiente a la zona de operaciones, en el norte de Irak, a mil kilómetros de Incirlik, permitió algunas variaciones sobre la marcha de la fuerza que ya estaban preparando el traslado. Una de ellas, y no la menos importante, fue constatar que el frío ambiente inicial iba a evolucionar con rapidez, en un clima continental extremado, a elevadas temperaturas, lo que permitió modificar el equipamiento de nuestros efectivos. En la rápida preparación de la fuerza, y luego en su sostenimiento, hay que destacar el papel del Centro de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, COEME, de la BRIPAC y de las FAMET, que sin experiencias previas de lo que suponía proyectar fuerzas a más de 4.000 kilómetros de distancia dieron una gran muestra de profesionalidad. La Agrupación Táctica Alcalá comenzaría su misión el 26 de abril en dos C-130 Hércules españoles del Ala de Transporte iniciando el movimiento del personal. Algunos elementos pesados llegaron en aviones C-5 Galaxy norteamericanos. El resto del material, vehículos, maquinaria de ingenieros, estaciones pesadas de HF, venían por vía marítima en un mercante civil ro-ro (roll-on roll-off) hacia el puerto turco de Iskenderun, la antigua Alejandreta. Conscientes de la importancia de desplegar pronto en la zona, a las 72 horas de su llegada partía el Coronel Ledesma con el grueso de su fuerza, por carretera, para recorrer en dos jornadas los mil kilómetros de distancia hasta Zakhu, la principal ciudad en el Noroeste de Irak, próxima a la frontera con Siria, Turquía e Irán. El contingente español sería el tercero en desplegarse, después de americanos y británicos, integrándose en la Task Force Bravo. El EQAV se desplazaría luego otros cien kilómetros al Este para situarse en Shiladiza, en una de las principales avenidas de reflujo de refugiados, que empezaban a iniciar el regreso a los valles. Este alargado despliegue se fue sosteniendo desde España, a lo largo de toda la operación, con los vuelos semanales de estafeta de un avión Hércules hasta Incirlik, prolongado desde aquí a Zakhu con los Chinook, y luego hasta Shiladiza con Chinook y UH.1H. Más tarde, este despliegue se reduciría, al replegarse sobre Zakhu el EQAV, y habilitarse al Este de Zakhu un aeródromo de campaña que permitió los vuelos directos de Hércules entre España e Irak. El 13 de Mayo atracó en Iskenderún el J.J. Síster, buque fletado por Cruz Roja española, que transportaba la ayuda recogida a lo ancho de la geografía española y los helicópteros. Con el apoyo del Cónsul de España en la zona, Sr. Butros, se organizó el transporte de esta ayuda con un centenar de camiones turcos de gran tonelaje, que la transportaron hasta nuestras tropas en Irak. Aunque hubo algunas dificultades debidas a su falta de 'paletización'. El contingente español, además de proporcionar seguridad en el entorno de Zakhu, transportó refugiados, construyó, organizó y abasteció campamentos de refugiados, y distribuyó la ayuda humanitaria española, y el EQAV instaló un hospital de campaña donde atendió a una numerosísima población kurda. Se repartieron más de 110 Tm de alimentos, 560 Tm de ropa y calzado, más de 150 Tm de diverso material y se utilizó una tonelada de productos farmacéuticos. Se puso de manifiesto, además de su profesionalidad, que nada tuvo que envidiar a la de otros contingentes con más experiencia internacional, una característica que ha sido constante en todas las operaciones que luego han llevado a cabo fuerzas españolas: la facilidad de conectar y entenderse con todo tipo de culturas, cosa que ya nos viene de antiguo. Como muestra del buen hacer español los notables kurdos entregaron al Coronel Ledesma un mensaje de agradecimiento a España.
Mensaje de agradecimiento "Al Gobierno español: En nombre de las tribus kurdas en Duhuk y Zakho en el Kurdistán de Irak, les agradecemos sus esfuerzos y su ayuda a nuestro pueblo kurdo para remediar el desastre y sus miserables condiciones. Nunca olvidaremos la defensa y los esfuerzos que han hecho por nosotros y la historia la escribirá con letra de oro. Esperamos que continúen ayudando a los pobres y a los humildes por todo el mundo. Damos gracias a España y a su gran reputación de justicia desde el fondo de nuestros corazones. Los mejores deseos para ustedes, vida y victoria para el pueblo español". Destacaría algunas experiencias que luego han sido muy válidas. La importancia de una organización modular y flexible que se adaptase a una rápida evolución de una situación que en cuestión de días pasó de requerir transporte de refugiados, el suministro de ropa de abrigo y un fuerte apoyo sanitario, a la necesidad de construir campamentos y proveerlos de tiendas de campaña (las cónicas, cuyo diseño se mantiene desde la guerra de Marruecos y han alojado a varias generaciones de militares españoles, tuvieron un magnífico uso), y más tarde a sostenerlos y garantizar el suministro de agua que era el elemento más crítico. También destacaría la necesidad de desplegar en tiempo oportuno, no sólo por las ventajas de optar a las misiones más convenientes desde un punto de vista nacional sino para responder con precisión a las necesidades; algún contingente aliado desplegó en Zakhu un impresionante hospital de campaña del que no recuerdo bien si su capacidad era de unas 300 camas, cuando los refugiados ya estaban asentados en sus campamentos y la situación sanitaria se había estabilizado, con lo que resultó prácticamente inútil. La gestión de la ayuda humanitaria, transporte, almacenamiento, distribución y, no menos importante, la seguridad, ya que a veces en la propia distribución se podían producir serios tumultos, sólo es eficaz si se lleva a cabo por una organización militar o se cuenta con su apoyo, ya que si no se garantiza una mínima seguridad no puede haber ayuda humanitaria. Además, los Ejércitos, por su organización, capacidad de respuesta rápida y motivación, no tienen parangón con ninguna otra organización para este tipo de ayuda. En lo que respecta al Cuartel General aliado hay que resaltar la importancia de una cadena político-militar de decisiones, ágil para responder a una situación en continuo cambio, ya que se plantearon a menudo situaciones en las que era necesaria una decisión que desbordaba al ámbito militar por sus connotaciones políticas o por no coincidir los intereses del mando de la operación con los españoles: por ejemplo, si un soldado español podía patrullar con uno británico y otro americano en Zakhu; o el procedimiento a seguir si se entregaba o se detenía a algún prisionero de guerra iraquí. Los elementos de comunicaciones, terminal satélite portátil y estaciones de HF garantizaron las comunicaciones entre Zajo e Incirlik y de ambos con España y, gracias a ellos y al apoyo del 2º JEME, General Faura, y del Jefe del Estado Mayor Conjunto, JEMACON, General Romero Alés, la respuesta de España se produjo siempre en tiempo oportuno, mucho antes que la de otros aliados. El repliegue de la fuerza se hizo en dos buques de transporte de la Armada, el Castilla y el Casado, que ahora sí estaban disponibles, y embarcaron en el citado puerto el 21 de Junio. Los helicópteros volvieron volando a España en varios saltos y algunos elementos rezagados lo hicimos en Hércules el 25 de Junio. El Teniente Coronel Alamán me sustituyó en el Cuartel General aliado, ya que una Compañía de la Brigada Paracaidista continuaría en el territorio, encuadrada en las fuerzas multinacionales, hasta el mes de julio de ese mismo año.
En la operación Provide Comfort, Shalikashvili, que a su origen europeo (polaco-georgiano) unía la sólida formación de West-Point, tuvo que articular un sistema de mando mucho más flexible, donde cabían distintas aportaciones nacionales, muchas incorporadas sobre la marcha, la representación de la ONU y alguna ONG y donde podía coincidir la ayuda humanitaria con acciones de combate y había que integrar, a nivel operacional, todo tipo de apoyos, -fuerzas especiales en los momentos iniciales, operaciones navales y aéreas para mantener la zona de exclusión aérea desde la Sexta Flota anclada en el Mediterráneo oriental y bases en Turquía-, variados sistemas de mando y control y un gran sistema logístico para la ayuda humanitaria. Shalikashvili sería luego designado SACEUR y más tarde Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor norteamericana. Desarrollaría en estos puestos el concepto de mando de fuerzas operativas conjunto (interejércitos) combinadas (multinacional), CJTF, lanzado a finales de 1993 y aprobado en la Cumbre de la OTAN de Bruselas en Enero de 1994, y que desde entonces constituye el nuevo paradigma de la organización de las operaciones multinacionales.
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