No ha podido ser más rápido el acuse de recibo iraní a la decisión estadounidense de desplegar entre los Estados de la cuenca del golfo Pérsico el sistema antimisiles "Patriot", para cohetes de corto y medio alcance. El presidente Ahmadineyad montaba a uña de caballo una declaración en la televisión estatal de la República Islámica para renovar el ofrecimiento que hizo en su día, entre grandes alharacas, de compartir con Rusia y con Francia el proceso de enriquecimiento del uranio - que hasta el momento, oficialmente al menos, sólo es del tres por ciento, cuando para la obtención de una bomba atómica se necesita el 85 por ciento -.
Del ofrecimiento primero se desdijo al poco, mientras que del actual ha dicho, para justificarlo, que ahora se dan condiciones técnicas que entonces no concurrían. En realidad, lo que posiblemente ha ocurrido en esta ocasión es que el Gobierno iraní - al margen de los graves problemas sistémicos que afronta por causa de la crisis electoral del pasado verano - ha valorado en su justa medida el alcance político-militar del paraguas misilístico que en principio habría de desplegarse a plazo inmediato.
Como argumentaban los rusos frente al sistema antimisiles checo-polaco impulsado por el presidente Bush, se trataba de un sistema ofensivo, como lo son todos aquellos de definición defensiva cuya instalación, por si misma, reduce el riesgo de respuesta por parte del adversario a una acción ofensiva propia.
Este sería el caso de los "Patriot" dispuestos en el Golfo del Petróleo. Su significación objetiva puede no ser otra que la de un paraguas táctico de probada eficacia, para el caso de que una nueva estrategia de presión sobre Irán por su programa nuclear, incluyera acciones militares limitadas sobre las diseminadas instalaciones persas donde se procesa el uranio.
Aunque no quepa decir, en puridad, si el número efectivo de ellas excede o no el número de las reconocidas oficialmente por el régimen irani. Y también, aunque no se sepa tampoco si sus progresos reales en el enriquecimiento de uranio son los manifestados, o si junto a éstos se esconda otro nivel de progresos en su hipotética carrera hacia la posesión de la bomba atómica. Con esa eventual ocultación estarían los iraníes ganando el tiempo que necesitan para alcanzar su real objetivo nuclear, al no disparar las alarmas porque se piense que Irán está temporalmente muy lejos de los plazos que se necesitan para que madure un empeño armamentístico de esa naturaleza.
Pero a lo que íbamos a propósito de los "Patriot". Más allá de su rango de disuasión efectiva, una presión así como el despliegue de estos paraguas contra misiles, parece capaz de forzar a Teherán a embarcarse otra vez en ofrecimientos cuya base parece irreal; especialmente, por la crisis política tan profunda que afecta a la república islámica. La oferta iraní es tan poco fiable como para que haya sido acogida con todo escepticismo en los medios diplomáticos internacionales, y con mucha cautela por parte de la Administración norteamericana. El agitado régimen integrista de Teherán es, en estos días, tanto un problema para el mundo como para los propios iraníes.

Otros artículos del autor
Otro detalle con Hugo Chávez
La transición chilena completa su periplo
Cierre de embajadas en Yemén
Abdul Faruk Abdultallab
Incógnita ocupación iraní en Irak
Defensa del clima y Seguridad planetaria
Urnas revolucionarias en Bolivia
Apuntando a las urnas
Cambia el viento en el Índico
¿Qué hacer con la piratería?
El Peñón, en tiempo de piratas
El Chavismo se vuelve contra Colombia
Hondureña solución para Honduras
En Uruguay, el frente amplio se estrecha
"Use money as weapon"
Desafío a la seguridad del terrorismo de Al Qaeda