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La polémica sobre el Museo del Ejército

Emilio Pérez Alamán, Teniente General

   sábado, 06 de febrero de 2010

El Diccionario de la Real Academia define museo en sus tres primeras acepciones como: 1º "Lugar en que se guardan colecciones de objetos artísticos, científicos ó de otro tipo y en general de valor cultural convenientemente colocados para que sean examinados", 2º " Institución sin fines de lucro abierta al público cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre ó culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos" y 3º "lugar donde se exhiben objetos y curiosidades que puedan atraer el interés del público con fines turísticos".

De las tres acepciones se puede concluir que la finalidad principal de todo museo es la exposición, exhibición y facilitar el examen de los fondos que contenga. Ahora hagámonos la pregunta clave que pueda dar luz a esta polémica: ¿Cuál de las dos sedes, Madrid o Toledo, cumplía ó cumplirá mejor su finalidad principal? En mi modesta opinión: ninguna.

De los más de 36.000 fondos que atesora nuestro museo, por falta de espacio en el Salón de Reinos solo podía exponerse alrededor del 36% en un estilo de Museo Romántico y el resto se conservaba con gran esfuerzo en condiciones poco adecuadas dada la escasez de medios personales y económicos que se asignaban al director y sus pocos colaboradores. Por ello merecen todo nuestro respeto y consideración al haber mantenido viva durante tantos años la Historia de nuestro Ejército, mostrándola y conservándola con mucho más dedicación, corazón y voluntad que medios especializados. Esa pasión, propia de quienes tienen que sostener algo que sienten en lo más hondo de su espíritu a base de mucha lucha, seguramente será el motivo de algunos argumentos poco afortunados ante el traslado. Sin duda alguna esgrimen otros que a mi juicio resultan más que razonables, pero en todo caso no es de recibo cualquiera que vaya contra los que han debido asumir el cometido de realizarlo.

Respecto a la ubicación en la futura sede de Toledo, no debemos olvidar que fue una decisión política y aunque la explicación de evacuar la antigua sede fue la ampliación del Museo del Prado, lo que no se explica fácilmente es el sacarlo de Madrid. En principio situarlo en el Alcázar, con alguna remodelación, podía justificar el traslado por economía y aprovechamiento de un lugar tan emblemático.

Después apareció la colocación de la Biblioteca autonómica en el edificio, originando la conveniencia de una nueva construcción para las necesidades del Museo, construcción que por diferentes razones se fue complicando y, por supuesto, encareciendo, pero la decisión estaba en otros niveles muy distintos a los que atendían las necesidades de la sede madrileña y por ello se han hecho unas instalaciones magníficas para guardar y conservar el 80% de los fondos que no se van a exponer, instalaciones que incluyen unos magníficos despachos para las oficinas de la dirección, que con una plantilla de más de 110 personas especializadas atienden a todas las necesidades del Museo.

Llegado a este punto, lo que no entiendo muy bien es el hecho de mantener la salida de Madrid de nuestro museo, pues con el gasto realizado pienso que podría haberse ubicado en alguna propiedad de Defensa de la capital y permitir contemplar la Historia de España a través de la de su Ejército como se puede contemplar en Washington, Londres, Paris ó Roma. Independientemente de este argumento, aunque sea cuestión de gusto personal, la magnífica y modernísima construcción adosada a un monumento como el Alcázar no me parece acertada.

No obstante, conociendo bien a los distintos Generales Comisionados y a muchos de sus colaboradores, no tengo la menor duda de que han cumplido lo ordenado con excelencia y dado que han dispuesto de unos medios que pocas veces, por no decir nunca, habían tenido para atender a las necesidades de sus responsabilidades anteriores, han hecho un trabajo magnífico aunque creo que con poca capacidad de decisión.

Por último, después del mausoleo levantado, incluido un ultramoderno salón de actos multiusos, la parte expositiva no superará el 20% de los fondos, lo cual, volviendo al principio, contradice la finalidad fundamental del Museo. Este hecho lo quieren justificar razonando que será otro estilo de museo, consistente en acompañar a la limitada muestra de fondos de un "discurso museológico para comprender la Historia que representan", pero ¿ Qué historia? Esta es la preocupación, las noticias aparecidas en los medios, alguna confirmada como la difícil situación del coronel Salafranca y las objeciones de los representantes políticos del ministerios a las propuestas militares puede modificar la verdadera historia y afectar a la definición de museo algo más que la escasez de fondos exhibidos. Llegado ese momento es cuando hay que poner los.límites. Pero, por favor, que estos elementos no nos enfrenten como el otro día en el Ateneo ni nos hagan perder los papeles.

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¿El expolio del Museo del Ejército?

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Comentarios
Añadir comentario Total comentarios 4
L. Caballero
08/02/2010 12:36:04
Comprendo la mesura del Teniente General, pero coincido plenamente con el orden de batalla de Ángel.

Lo problemático de las guerras ideológicas es que, por sistema, se visten de cultura y, para más INRI, son terriblemente susceptibles a cualquier “afrenta” al ámbito de corrección política legitimadora en el que se mueven. El mejor contraataque ante esto es hablar con claridad, sin intención de agredir, pero sin miedo a que alguien pueda darse por ofendido, pues la honestidad es siempre es inoportuna (y el que permite que la intención de no herir susceptibilidades guíe su obrar, no es capaz de operar más allá de los oropeles). Firmes y sin miedo dar la cara con la claridad y serenidad del que trabaja en defensa de la verdad.

Por otro lado, una de las principales claves no es si el museo selecciona sólo un porcentaje de fondos o si los expone íntegramente. La mayor parte de los comentarios que estoy leyendo proceden de personas adultas y, diríase, cultas, por lo que, visitando el museo, tienen la capacidad de captar sin dificultad que es una selección de material; ahora, el problema lo constituye el joven medio español de hoy día (y lo digo con el conocimiento de causa del profesor universitario), casi incapacitado para distinguir entre lo que es historia de España y un capítulo al azar de Física o Química. El nivel de manipulabilidad, en ese terreno, del chaval medio es más que abrumador. Y a esto hay que añadir su escaso interés por resolver esa triste situación, que no pocas veces se deriva de su absoluta ignorancia de la misma.
Toda aquella parte de nuestra historia que pierda visibilidad no sólo va a desaparecer en pocos años del panorama intelectual en el que se mueve el común de los españoles, sino que, además, esta ocultación les va a negar la oportunidad a aquéllos que, al descubrir la existencia de un terreno que desconocían, sientan interés en ahondar en conocerlo.

Por ello creo que es perfectamente legítimo reclamar un enfoque más completo que el que quiere darse al nuevo museo. Es una cuestión de responsabilidad y, como parece ser la intención primordial de la reforma del museo, de adecuar debidamente la exposición a los tiempos modernos, en lo que más que nunca se necesita una exposición integral de todo lo posible, dado el bajo nivel de criterio histórico con el que nos llegan las nuevas generaciones.
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Ángel
07/02/2010 13:53:32
Templado, muy templado, artículo del TG Pérez Alamán. Pero, mi general y con el debido respeto, no está el horno como para templar gaitas. Por mucho que quiera justificar el coronel Borrego, estamos en plena ofensiva contra la verdadera razón de ser de las Fuerzas Armadas. Y este episodio del Museo del Ejército no es más que una fase de la batalla, dedicada en su fin último a desnaturalizar la función y las misiones de los Ejércitos. Y no es tiempo de, repito, templar gaitas. Es hora de pasar a la ofensiva.
Por lo poco que se ha sabido, la valiente y gallada postura del coronel Juan Salafranca, que humildemente comparto, debería ser apoyada y respaldada no sólo por sus mandos inmediatos, que me consta, sino por quien representa al Ejército de Tierra.
El Espíritu y la Tradición de los Ejércitos de España, abonado con la sangre de tantos y tantos héroes, y su Historia, no pueden ni deben estar dependiendo de los caprichos, del albur y de los avatares políticos del momento. Muy serio es de lo que hablamos.
Opiniones como las, al parecer y por escrito, realizadas por un responsable político del Ministerio sobre el alcance y función del Museo del Ejército, no deben quedar sin respuesta. Y una respuesta contundente. Tan contundente como que, desde hoy mismo, deben empezar, por quien tenga agallas y autoridad para ello, a darse los pasos para reintegrar la sede del Museo del Ejército a su entorno natural y lógico, la Capital de España.
Quien quiera oír, que oiga.
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JFL
06/02/2010 21:27:29
La Historia debe de refejar hechos acontecidos y, si por parcial, es incompleta no es Historia. Ello es aplicable a un Museo del Ejército, limitar su contenido por motivos políticos es acotar la Historia a gusto del político, pero ello no hará desaparecer lo que de verdad aconteció.
¿Qué ha hecho el Mando militar en este tema? Mucho me temo, a falta de explicaciones, que seguir so pretexto de la disciplina, los dictados del político.
Mentir no es sólo faltar a la verdad, sino también contar medias verdades, sea sobre historia militar u otro tema, y un militar no debe de mentir jamás.
39   28
Enrique Alonso Marcili
06/02/2010 20:33:05
(…)será otro estilo de museo, consistente en acompañar a la limitada muestra de fondos de un "discurso museológico para comprender la Historia que representan", pero ¿ Qué historia? Esta es la preocupación(…)

Y no poca preocupación, mi General, pues, hoy por hoy, las directrices vienen dadas por los mismos que han reescrito la historia y luego, en aplicación de la llamada “ley de memoria histórica” están eliminando de calles, plazas y cuarteles a aquellos que han constituido nuestros referentes mas inmediatos en nuestra formación como soldados, presentándolos, además, como los malos de la película ante las nuevas generaciones.
Seguramente no discutiríamos entre nosotros si razonadamente y desde el lugar apropiado, se hubiese elevado a tiempo una voz crítica para dejar la evidencia de ciertas falsedades o relecturas equivocas.
Miro hacia arriba mi General y echo de menos esa voz.
Siempre a sus órdenes
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