Las Navidades tienen en Japón un sentido básicamente consumista, no soliendo conllevar un paréntesis en la actividad política del país. Prueba de ello es el viaje oficial que ha llevado al nuevo primer ministro nipón, Yukio Hatoyama, a la India en los últimos días del año.
La visita, centrada en cuestiones de seguridad y defensa, aunque sin descuidar las comerciales y económicas, ha permitido progresar en el gradual pero constante camino hacia una relación estratégica de primer orden entre Japón e India, potencias ambas extremadamente preocupadas por el ascenso chino. Tiene lugar escasas semanas después del viaje a Japón del ministro de defensa indio A. K. Antony.
Poco a poco se vislumbra una relación cada vez más estrecha entre Tokio y Nueva Delhi, sin perjuicio de la permanencia de notables obstáculos a la misma, como el aún escaso grado de integración económica, o las reticencias niponas en el campo nuclear.
Pasemos a analizar los principales temas tratados por los primeros ministros Singh y Hatoyama en su cumbre, así como las negociaciones paralelas, y los principales acuerdos a que han llegado ambos mandatarios.
Itinerario y agenda del Primer Ministro Hatoyama en la India.
La visita del premier nipón tuvo lugar del 27 al 29 diciembre, iniciándose en Bombay para seguir en Nueva Delhi. Hatoyama viajó acompañado por la primera dama. El 29 de diciembre tuvo lugar la cumbre con el primer ministro indio Manmohan Singh.
En Mumbai Hatoyama depositó unas flores en memoria de las víctimas del ataque terrorista de noviembre del 2008. El grave incidente, aunque confirmó una vez más la fortaleza política de la población india y su disposición a no ceder ante el terrorismo, expuso también algunas notables deficiencias a nivel organizativo y de equipo, inclusive en el campo de la seguridad marítima. Precisamente es este aspecto uno de los más avanzados en lo que atañe a la cooperación indojaponesa en seguridad y defensa, recibiendo mucha atención durante la visita de Hatoyama.
El mismo día 27 el primer ministro japonés fue invitado a un banquete de honor organizado por el gobernador del estado de Maharashtra, trasladándose el día siguiente a la capital india.
Allí procedió en primer lugar a reunirse con diversos empresarios, incluido Ratan Tata, así como ejecutivos de firmas niponas. A continuación los negocios cedieron el paso a la política y Hatoyama se reunió con Sonia Gandhi, presidenta del Partido del Congreso (en el poder) y verdadero poder en la sombra. Su jornada finalizó con una cena informal con el primer ministro Singh de anfitrión.
La última jornada del viaje fue dedicada a la cumbre entre los dos primeros ministros, comprendiendo también un banquete de estado.
Desde el 2005 tiene lugar una cumbre anual que reúne a los jefes de gobierno de India y Japón. Aunque Hatoyama lleva pocos meses en el cargo, ésta ya es la tercera ocasión en que se entrevista con Singh. Además, antes de llegar al poder, cuando era jefe de la oposición, viajó a la India siendo primer ministro Atal Behari Vajpayee. En un gesto muy valorado por sus anfitriones renunció a incluir Pakistán en su itinerario al haberse producido poco antes ataques terroristas contra el Parlamento del estado de Jammu y Kashmir y las Cortes indias, siendo generalizadas las sospechas sobre Islamabad.
El primer ministro japonés ha invitado a su homónimo a visitar Japón antes del fin del corriente año, aunque aun no se ha fijado unas fechas concretas.
Importancia de la visita
En la agenda de la visita predominaron claramente las cuestiones de seguridad y defensa, sin perjuicio de que también se dedicara tiempo a los dossiers comerciales y económicos.
Es prueba de la importancia que ambas partes otorgan a estos contactos bilaterales el hecho que el viaje de Hatoyama tuviese lugar en un momento de considerable tensión política en Japón, con una sucesión de escándalos que reclaman la atención del gobierno. Sin embargo, y pese a lo delicado del momento, la decisión de no posponer el viaje confirma que la alternancia política en Tokio no ha alterado los fundamentos de la política de acercamiento a Nueva Delhi.
Ello no nos debería extrañar, puesto que bajo la acritud del debate político y el partidismo al que por desgracia ningún país es inmune, se suelen esconder una serie de realidades geopolíticas que obligan a tener una visión de estado en el campo de las relaciones internacionales y la seguridad y la defensa. Tanto Japón como la India se enfrentan a una China resurgente, obsesionada por poner fin a dos siglos de sumisión a las potencias extranjeras, y que históricamente no ha sabido relacionarse con otros países en un plano de igualdad. No nos debería pues extrañar que observemos un estrechamiento gradual de las relaciones en materia de seguridad y de defensa entre ambos países, y de los mismos con otras democracias marítimas como Australia y Estados Unidos.
No significa ello que debamos esperar de forma inmediata una alianza militar explícita entre Tokio y Nueva Delhi, o que las declaraciones públicas de sus jefes de gobierno hayan hecho referencia explícita a China. Ambas capitales son muy prudentes, hay quien opina que demasiado, y quieren evitar dar la sensación que pretenden hacer frente común contra Beijing. Además, pese a la innegable importancia de las realidades estratégicas, no podemos olvidar los lazos comerciales y económicos, que a veces actúan en dirección opuesta.
Pese a esta prudencia, es dudoso que India, Japón, Australia, y Estados Unidos, puedan evitar en solitario acabar bajo el yugo chino. Se impone al menos una cierta coordinación entre sus políticas de seguridad y defensa, lo que no equivale a ignorar o menospreciar los notables obstáculos a los que dicha coordinación se enfrenta, entre ellos la profunda desconfianza india hacia las alianzas y la incompleta normalización militar japonesa.
Principales temas discutidos
Veamos a continuación cuales han sido las principales cuestiones tratadas durante la visita, así como los acuerdos alcanzados.
Cuestiones estratégicas generales
El comunicado conjunto de la cumbre insiste en "Japón e India como socios que comparten valores comunes e intereses estratégicos" y reafirma su intención de "desarrollar aun más su alianza estratégica y global al objeto de profundizar en sus relaciones bilaterales así como en la paz y la prosperidad en la región y el mundo"
Aunque no se diga explícitamente, y pese al envoltorio políticamente correcto de la preocupación por la paz mundial, estas afirmaciones son prueba que Japón e India comparten una serie de características, incluyendo un sistema político democrático y una dependencia crítica de las líneas de comunicación marítimas, así como una preocupación clara por el rearme y la soberbia chinos. Por ello algunas veces tachan a Tokio y Nueva Delhi de "aliados naturales". Es obligado destacar que las dolorosas cuestiones históricas que obstaculizan las relaciones del Japón con muchos de sus vecinos no afectan a sus tratos con la India.
Uno de los más destacados especialistas indios en asuntos estratégicos, Brahma Chellaney, defendió sin tapujos este punto de vista en un artículo publicado pocos días después de la visita en el diario japonés en lengua inglesa The Japan Times. Chellaney escribió que "Japón e India son claramente aliados naturales porqué entre ellos no hay conflicto de intereses estratégicos alguno y comparten objetivos comunes en el establecimiento de una cooperación institucionalizada y la estabilidad en Asia. No hay entre ellos ni una herencia histórica negativa ni escollo político pendiente alguno. Al contrario, ambos países gozan de una muy buena imagen entre la opinión pública del otro"
La importancia de la India para el Japón quedó clara en un editorial de uno de los rotativos japoneses más destacados, el Yomiuri Shinbun, publicado el mismo día de la cumbre entre Hatoyama y Singh. El editorial recordó a sus lectores que la India "ha mostrado un crecimiento económico notable" y "está situada en una importante posición, conectando Oriente Medio con Asia Oriental", añadiendo que "Japón debería promover una alianza económica y cooperación en materia de seguridad con la India y reforzar las relaciones bilaterales desde una perspectiva estratégica".
Este editorial enfatiza la necesidad de profundizar en los lazos económicos entre ambas potencias, y subraya la importancia de la cooperación en materia de seguridad, con el principal objetivo de garantizar "la seguridad de las líneas de comunicación marítimas que conectan Oriente Medio con Asia Oriental" dado que "son desesperadamente importantes para Japón".
Podemos afirmar que el tono del Yomiuri Shinbun es representativo de las muchas voces niponas que observan con satisfacción la aproximación entre Tokio y Nueva Delhi.
Por otra parte, la reacción de la prensa india y de los think-tanks del país ante la visita de Hatoyama ha sido también, en términos generales, positiva.
Además, gracias a una cultura estratégica más fuerte, o quizás habría que decir más visible, y un menor recato a la hora de debatir públicamente cuestiones de seguridad nacional y de defensa, podemos afirmar que algunos artículos publicados en la India van aun más allá a la hora de tratar los cimientos de esta aproximación estratégica entre Tokio y Nueva Delhi, sin perjuicio de discutir también los principales obstáculos en su relación.
Un buen ejemplo sería un artículo de Siddharth Varadarajan publicado por The Hindu, una de los principales rotativos del Subcontinente. Titulado "La nueva prioridad del Japón, Asia, es buena para la India", el artículo reconoce abiertamente "el carácter terriblemente sensible de la cuestión nuclear" sin perjuicio de recordar que no evitó que Tokio se uniese "al consenso en el si del Grupo de Suministradores Nucleares entorno a la decisión de poner fin a las sanciones sobre la India".
Sin miedo a entrar en un aspecto a menudo considerado tabú, Varadarajan afirma sin tapujos que la Declaración de Seguridad firmada por ambas potencias en octubre del 2008 "parece sugerir que Japón ve en la India un posible socio estratégico en la jugada a largo plazo de cubrirse ante el ascenso del poder chino en Asia".
Como hemos comentado anteriormente, aunque su nombre brilla por su ausencia en las declaraciones y comunicados oficiales, la larga sombra del renacimiento económico y militar chino, la firme determinación de Beijing de dejar atrás dos siglos de dominación extranjera, y su incapacidad histórica de interactuar con otras naciones en un plano de igualdad, son un factor de primer orden que impulsa las relaciones indojaponesas de seguridad y defensa.
Varadarajan explica como la victoria electoral de Hatoyama ha puesto fin al concepto de Taro Aso (su predecesor en el cargo de primer ministro nipón) de un "Arco de Libertad y Prosperidad" a lo largo de Asia, considerado una "construcción geopolítica claramente diseñada para excluir a la China" así como a cualquier posibilidad de revivir el "concepto 'cuadrilateral', de corta vida, que vio a la India unirse a Japón, Australia, y Estados Unidos, en consultas políticas conjuntas y hasta maniobras militares en la Bahía de Bengal", añadiendo que bajo Hatoyama "Las relaciones del Japón con China y el resto de Asia han sufrido un cambio radical".
Estos cambios no son vistos por Varadarajan, sin embargo, como el fin de la relación estratégica entre Tokio y Nueva Delhi. Aunque "Vistos superficialmente . las ganas [de Hatoyama] de solventar las disputas con Beijing y librarse del abrazo opresivo de Washington sobre la política exterior y de seguridad japonesa podrían no ser buenos augurios para las relaciones bilaterales con una India acostumbrada a ver en Japón una garantía ante una China en ascenso y una extensión del poder americano en Asia", su "visión de una Comunidad de Asia Oriental y su deseo de trabajar con China suponen para la India y Japón una oportunidad para construir sus relaciones bilaterales con unos cimientos más sólidos que las arenas movedizas del 'equilibrio de poder'".
Esta tesis afirma básicamente que con mejores relaciones entre Beijing y Tokio y una relación más autónoma entre el segundo y Washington, el margen para una profundización de la cooperación indojaponesa en seguridad y defensa podría ser de hecho más amplia con Hatoyama en el poder.
Un estudio más profundo sobre estas relaciones publicado pocos días antes de la visita por el think-tank indio Institute for Defence Studies & Analysis (IDSA) señala un factor añadido que las impulsa, además de la necesidad de "contrarrestar la creciente influencia china sobre la región": la "excesiva dependencia de Japón e India del petroleo del Golfo Pérsico y la necesidad de asegurar su transporte". IDSA coincide en ver en el énfasis en Asia de la nueva administración nipona y en su rechazo de una "excesiva dependencia de Estados Unidos" elementos favorables a las relaciones de defensa con India.
Cuestiones navales
Tanto Japón como India son naciones cuya economía y seguridad nacional se basan en las líneas de comunicación marítimas. Aunque la segunda no es estrictamente una isla, la enorme barrera de la cordillera del Himalaya hace que se la pueda considerar dentro de esta categoría a efectos prácticos.
En estos momentos Tokio y Nueva Delhi se enfrentan a la amenaza inmediata de la piratería en el Cuerno de África, mientras que sombra alargada del renacimiento naval chino tiene preocupados a los círculos de seguridad nacional en ambas capitales. No nos debería pues extrañar que la cooperación en materia de seguridad marítima haya ocupado buena parte de la agenda durante la visita oficial de Hatoyama.
Es más, al ser la piratería objeto universal de desprecio, la lucha contra la misma es un aspecto que puede ser discutida abiertamente, y que aparece a menudo en declaraciones y comunicados oficiales, mientras que cuestiones más sensibles no trascienden en los mismos. China es una de las potencias que ha desplegado unidades navales ante las costas de Somalia y por tanto no puede quejarse, al menos públicamente, de estar en el punto de mira de otros países cuando éstos discuten medidas para conseguir una mayor coordinación en esta área.
El diálogo bilateral sobre seguridad durante la visita resultó en la firma de un "Plan de Acción para Progresar en la Cooperación de Seguridad en base a la Declaración Conjunta sobre Cooperación en Seguridad entre el Japón y la India". Se trata por tanto de profundizar y concretar el acuerdo marco concluido en octubre del 2008 entre ambos países.
Muchas de las medidas en este Plan de Acción pertenecen al campo naval, entre ellas las siguientes:
. Cooperar bilateralmente en el marco del Acuerdo de Cooperación Regional sobre el Combate contra la Piratería y el Atraco a Mano Armada a Barcos en Asia.
. Un Diálogo sobre Seguridad Marítima, que tendrá lugar de forma regular.
. Rondas de conversaciones entre altos mandos, que tendrán lugar aproximadamente una vez por año.
. Maniobras bilaterales, de forma alterna en las costas indias y niponas, diseñadas para mejorar la cooperación y las capacidades en materia de operaciones navales y respuestas ante desastres naturales.
. Maniobras multilaterales, cuando sea posible. Actualmente ambas armadas participan regularmente en las maniobras Malabar, junto con las marinas de guerra de Estados Unidos y otras potencias.
. Cooperación en operaciones contra la piratería.
. Intercambios y actividades formativas conjuntas en los campos de la lucha contra la piratería y el crimen organizado transnacional.
Los respectivos cuerpos de guardacostas y la cooperación entre ambos han recibido mucha atención en el Plan de Acción, que afirma que llevarán a cabo "reuniones y maniobras conjuntas" e "implementarán medidas concretas" en las áreas de "salvamento marítimo, seguridad marítima, y protección del medio ambiente marítimo".
La importancia de los cuerpos de guardacostas es notable, entre otros motivos por:
. En la India, las serias deficiencias en seguridad costera puestas de manifiesto por el ataque terrorista contra Bombai del 2008, en que un comando llegó por mar a la ciudad desde su santuario.
. En Japón, por permitir su expansión reforzar sus capacidades marítimas sin despertar las suspicacias que levantaría un crecimiento parecido de sus MSDF (Fuerzas de Autodefensa Marítimas, o Marina de Guerra nipona). Aunque algunos de los barcos del Servicio de Guardacostas japonés son de mayor tonelaje de diversos destructores de las MSDF, el presupuesto de la institución no se incluye oficialmente en el cómputo del gasto en defensa, lo que permite a Tokio no sobrepasar el límite, autoimpuesto en los años 70, de un 1% del Producto Nacional Bruto en gasto militar.
Algunas voces van más allá y ven en la cooperación naval con India una vía por la que Japón puede incrementar su poder marítimo sin alarmar a sus vecinos. Pocos días tras la visita de Hatoyama, IDSA publicó un informe titulado "Japón Refuerza sus Capacidades Navales", cuyo resumen afirma que "Para calmar los temores de los países que padecieron la brutalidad japonesa, Japón podría estar interesado en unirse a la India en una estructura de cooperación naval para asegurar la paz en el mar. Los pasos de los últimos cuatro o cinco años en las relaciones indojaponesas apuntan a esta dirección".
Cooperación en otros campos de la seguridad
El Plan de Acción también cubre otras áreas. Destaca la expansión en el número y regularidad de los contactos bilaterales, a todos los niveles. Por ejemplo se establece un comité conjunto formado por altos funcionarios de ambos ministerios de asuntos exteriores y de defensa, con lo que además se da un paso más en la gradual expansión de los poderes del ministerio de defensa nipón. Hasta hace poco conocido como "Agencia" en lugar de "Ministerio", su papel internacional había estado tradicionalmente relegado a un segundo plano ante el mucho más poderoso Ministerio de Asuntos Exteriores, pero como parte de la gradual normalización como potencia militar del Japón su Ministerio de Defensa tiene un papel cada vez más destacado en sus contactos oficiales con otros países.
A ello se refiere también el comunicado conjunto emitido tras la cumbre Singh - Hatoyama, que manifiesta su apoyo a "El deseo expresado en noviembre del 2009 en Tokio por ambos ministros de defensa de llevar a cabo reuniones anuales a nivel ministerial para mejorar el diálogo y los intercambios en el campo de la defensa".
Además de las reuniones entre ministros de defensa, el Plan de Acción prevé contactos bilaterales a nivel de primer ministro, otros ministros, altos funcionarios, oficiales, cadetes en instituciones de enseñanza militar, y hasta embajadores ante terceros países.
Asimismo el Plan de Acción contempla la cooperación en operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU e intercambios de experiencias en el campo de la actuación ante desastres naturales.
En relación al terrorismo, el comunicado conjunto lo condena sin paliativos, "en todas sus formas", pero sin entrar en el siempre espinoso asunto del apoyo a grupos terroristas por parte de ciertos estados. Además no contiene ninguna alusión a la guerra cibernética, un campo en que las capacidades chinas son evidentes.
A nivel de pasos prácticos se contempla la creación de un "mecanismo para el intercambio de inteligencia y la cooperación técnica en la lucha antiterrorista", así como una "estructura de intercambio de información sobre blanqueo de capitales y financiación del terrorismo entre las dos Unidades de Inteligencia Financiera".
Todo lo anterior no es sin embargo suficiente para algunos observadores, que reclaman ir más allá, entrando en aspectos hasta ahora considerados tabú. Brahma Chellaney, en su artículo ya citado, afirma que "India y Japón, por ejemplo, deben codesarrollar sistemas de defensa. India y Japón cooperan en defensa antimisiles con Israel y Estados Unidos respectivamente. No hay razón alguna para que no trabajen conjuntamente en defensa contra misiles y en otras tecnologías necesarias para la defensa mutua".
Ello exigiría poner fin o al menos modificar la política japonesa de no exportar armamento. Dicha política no obedece a mandato constitucional o legal alguno, sino que es fruto sencillamente de una decisión del gobierno en los años 60 que ha ido siendo confirmada por sucesivas administraciones.
Armas Nucleares
A primera vista las actitudes de Tokio y Nueva Delhi hacia las armas nucleares son muy diferentes, sin embargo, ambas potencias confían en las mismas para defender su seguridad nacional. La diferencia es que mientras Japón se acoge al paraguas nuclear norteamericano (disuasión extendida, en términos más técnicos), India ha desarrollado una fuerza de disuasión propia que, tras años de presiones y hasta sanciones por Washington ha sido finalmente aceptada por Estados Unidos y sus aliados. Con la ratificación por el Senado estadounidense el 2008 del Acuerdo sobre Cooperación Nuclear Civil la lógica se impone al fundamentalismo de la no proliferación, fundamentalismo miope que no sabe distinguir entre enemigos y aliados, y que olvida que las democracias jamás se enfrentan entre ellas en el camp de batalla.
India es por tanto una potencia nuclear no firmante del TNP (Tratado de No Proliferación) mientras que Japón es considerado como potencia nuclear latente, puesto que dispone de la tecnología, los recursos económicos, y los materiales fisibles, necesarios para construir su propio arsenal atómico si en cualquier momento percibe grietas en el compromiso norteamericano con su defensa.
Tras el acuerdo entre India y Estados Unidos, el NSG (Grupo de Suministradores Nucleares), foro que agrupa los principales países fabricantes y exportadores de tecnología nuclear civil, discutió poner fin a las sanciones sobre la primera. Pese a algunas reticencias Japón se acabó sumando al consenso y votó a favor de la medida.
No existen pues, en estos momentos, obstáculos legales para que Japón venda tecnología nuclear a la India. Sin embargo a nivel político el camino aun no está despejado, y Hatoyama prefirió no pronunciarse públicamente durante su visita, limitándose a declarar que se trataba de "una cuestión importante para el futuro".
El comunicado conjunto se refiere a esta cuestión, pero sin entrar en detalles. Tras varios elogios a la energía nuclear se limita a decir que "Ambos primeros ministros también reconocieron la importancia de promover la cooperación entre las industrias de ambos países con el objeto de potenciar la cooperación bilateral sobre energía desde un punto de vista comercial".
Mientras el comercio nuclear indojaponés espera pues una actitud más decidida de Tokio, Japón continúa sus esfuerzos para liderar el desarme nuclear mundial, y, en relación a la India, ello supone presionar a Nueva Delhi para que:
. Firme el CTBT (Tratado de Prohibición Generalizada de los Ensayos Nucleares).
. Sea una de las partes del futuro FMCT (Tratado Prohibición de Producción de Materiales Fisibles), actualmente en negociación.
Ambos tratados fueron discutidos por Hatoyama y Singh, y el comunicado final afirma en un tono idealista que ambos mandatarios "confirmaron su compromiso con la eliminación total de las armas nucleares".
El CTBT es un claro escollo en las conversaciones sobre cuestiones nucleares entre la India y el Japón. Aun no ha entrado en fuerza debido a que no todos los estados que según su texto deben firmarlo y ratificarlo lo han hecho, e India es precisamente una de dichas potencias. Nueva Delhi insiste en el valor de su moratoria unilateral sobre ensayos nucleares mientras afirma que son Washington y Beijing los que tiene que dar el primer paso y ratificarlo.
Estas diferencias sobre el CTBT fueron reconocidas por Hatoyama en la rueda de prensa conjunta tras la cumbre. Tras confirmar que la cuestión había sido tratada en la misma, el primer ministro nipón afirmó "Expresé mi deseo que, junto con Estados Unidos y China, India firmara y ratificara [el CTBT]".
En la misma conferencia de prensa Singh afirmó que la India está comprometida con el desarme "universal, voluntario, y no discriminatorio", así como con una moratoria voluntaria sobre los ensayos nucleares.
En relación con el FMCT, es un área donde en contraste con la anterior no parece haber grandes diferencias entre Tokio y Nueva Delhi. Según un comunicado emitido por el ministerio de asuntos exteriores japonés resumiendo la visita de Hatoyama, "Se reafirmó también la cooperación en relación al inicio inmediato de negociaciones y una pronta conclusión de un tratado FMCT".
Otro aspecto nuclear militar donde Tokio y Nueva Delhi podrían trabajar juntos es la denominada Política de No Primer Uso (NFU), es decir el compromiso por parte de las potencias con armas nucleares de no emplearlas si no han sido atacadas con las mismas.
En estos momentos, tan sólo Beijing y Nueva Delhi se han adherido formalmente a esta postura y así lo han declarado públicamente. Tradicionalmente Tokio había rechazado la NFU por considerar que debilitaba el paraguas nuclear norteamericano, sin embargo con el nuevo gobierno nipón se podría producir un cambio en este sentido, buscando la cooperación de la India para intentar extender esta postura al resto de potencias nucleares.
Aunque ello podría contribuir a aproximar a Japón y la India en un campo, el de las armas nucleares, donde se dan diversas discrepancias, es necesario ser realista sobre las posibilidades de que todas las potencias nucleares adopten una política NFU. Un caso a tener muy en cuenta es Rusia, que en pleno proceso de reforma de sus fuerzas armadas, proceso difícil y que tardará años, ha optado por otorgar aun más importancia a sus fuerzas nucleares dentro de su planificación de defensa. Los últimos cambios en la doctrina nuclear rusa prevén su uso hasta en conflictos locales contra potencias no nucleares.
Cuestiones comerciales y económicas
Se está negociando un EPA (Acuerdo de Asociación Económica) entre Japón e India, y, aunque las negociaciones no han concluido durante el viaje de Hatoyama, ambos líderes han manifestado su esperanza que lo sean antes de su próxima cumbre anual.
Entre los principales escollos se encuentran:
. Un proceso simplificado de aprobación de medicamentos de fabricación india en Japón.
. Una mejora en el estatus legal de los ciudadanos indios residentes en el País del Sol Naciente.
Son muchos los observadores que consideran de gran importancia la firma de un EPA, dado que, como ya hemos comentado, uno de los puntos débiles de las relaciones indojaponesas es precisamente el limitado volumen de comercio bilateral. Aunque está creciendo, aun es pequeño en comparación con los intercambios económicos con algunos terceros países, especialmente China.
El editorial del Yomiuri Shinbun arriba mencionado dedica bastante espacio a la necesidad de corregir este punto débil, lamentando que "El volumen total de comercio japonés con la India ha permanecido en unos niveles bajos, y supone una veinteava parte del valor del comercio de nuestro país con China" pero indicando que "el número de empresas japonesas que han desembarcado en la India se ha triplicado los últimos tres años". En estos momentos Japón es el sexto inversor exterior en la India.
El Yomiuri Shinbun advierte que el verano del año pasado Corea del Sur, rival económico del Japón, firmó un acuerdo de este tipo con la India, por lo que "Las compañías surcoreanas podrán conseguir un punto de partida ventajoso en la India", siendo ello un motivo añadido para acelerar las negociaciones.
En relación al turismo, el comunicado conjunto se refiere a la reciente aprobación por parte de la India de un sistema de visados a la llegada aplicable a los nacionales de cinco países, entre ellos Japón. Se espera que ello redunde en un incremento en el número de turistas nipones que visitan el país.
En estos momentos Tokio y Nueva Delhi también negocian una simplificación de los procedimientos respectivos para el otorgamiento de visados, lo que facilitaría los desplazamientos entre ambos países.
Contribución japonesa a la infraestructura ferroviaria india
Dos proyectos de gran magnitud y notable importancia tanto económica como estratégica fueron discutidos durante la visita de Hatoyama, confirmándose que se beneficiarán de la ayuda japonesa al desarrollo.
Se trata de:
. El corredor occidental de carga (Western Dedicated Freight Corridor (WDFC).
. El corredor industrial Delhi-Mumbai (DMIC).
El WDFC unirá Nueva Delhi y Bombai, las dos principales ciudades indias. Al ser una línea exclusivamente dedicada a los trenes de mercancías, el tiempo que estos emplean en desplazarse entre las dos urbes se verá notablemente recortado.
La contribución financiera nipona a este proyecto no tendrá un impacto meramente económico, sino que también facilitará a la India la consecución de algunos de sus imperativos de seguridad nacional.
En primer lugar, cualquier mejora en la infraestructura de transporte ferroviaria, aunque sea efectuada con finalidades estrictamente civiles, implica facilitar las capacidades logísticas de las Fuerzas Armadas indias, y específicamente el sustento de las unidades desplegadas en el Himalaya.
En segundo lugar, al proporcionar financiación en condiciones mejores que las del mercado para la construcción del WDFC, Tokio libera recursos que pueden permitir a Nueva Delhi proporcionar paquetes de ayuda financiera a algunos de sus vecinos destinados a la construcción de conexiones ferroviarias que los unan a la India. En las últimas semanas se han anunciado dos paquetes de este tipo, con Bhutan y Bangladesh, y Nueva Delhi también estaría interesada en alcanzar un acuerdo similar con el Nepal.
La India intenta mejorar las conexiones físicas con todos estos países para evitar que se integren en la esfera de influencia china. En círculos de seguridad nacional india se contempla con extrema preocupación los esfuerzos indios para rodear al país, ganando influencia y construyendo bases militares o de doble uso en países como Pakistán, Bangladesh, Birmania, o Sri Lanka.
Todo ello no significa, naturalmente, que Tokio actúe motivado por estas preocupaciones, puesto que Japón continua siendo uno de los principales contribuyentes en ayuda financiera a China. Precisamente Beijing también se ha embarcado los últimos años en un notable programa de ampliación y mejora de su red ferroviaria al objeto, entre otros, de facilitar el soporte logístico a las unidades desplegadas en el Himalaya. Además ha ofrecido a Nepal financiar no sólo la conexión ferroviaria con dicho país sino la construcción de una red doméstica.
En relación al DMIC, comprende seis grandes regiones industriales de unos doscientos kilómetros cuadrados cada una, y cuyo territorio se distribuirá por siete estados indios (Delhi, Uttar Pradesh, Haryana, Rajasthan, Gujarat, Maharashtra, y Madhya Pradesh).
Estas regiones dispondrán de parques industriales, servicios públicos, áreas logísticas, instalaciones de protección medioambiental, zonas residenciales, y servicios administrativos.
Se espera que la primera fase del DMIC sea completada antes del fin del 2012. Durante la visita oficial de Hatoyama se acordó establecer un fondo común de doscientos millones de dólares, contribuyendo con un cincuenta por ciento Tokio y Nueva Delhi. Este fondo, que recibirá aportaciones adicionales más adelante, en un primer momento "financiará los preparativos y los estudios de viabilidad del DMIC".

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