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Operación MINUSTAH en Haití

Francisco Bisbal Pons  

Este artículo se publicó en el número 10 de la Revista Atenea


El Consejo de Ministros de septiembre de 2004 aprobó la participación de España en una nueva misión de las Naciones Unidas en Haití, siguiendo las directrices del Consejo de Seguridad, que aprobó la Resolución 1542 el 30 de abril de ese año. Ésta se produjo en un momento en el que la actividad operativa de las Fuerzas Armadas Españolas había experimentado una reducción importante, como consecuencia de la retirada de Irak en mayo.

La decisión de intervenir con un contingente en Haití sorprendió bastante en círculos militares, ya que Haití era un país donde los intereses nacionales habían estado tradicionalmente poco representados. En el momento de tomar la decisión, España tenía tropas en Bosnia, Kosovo y Afganistán.

La participación española en Haití se reguló por una Directiva del Ministerio de Defensa, que estableció que España lideraría un Batallón Hispano-Marroquí, formado por 200 españoles y 160 marroquíes. El mando de este batallón correspondería, en cualquier caso, a España.

De este modo, le fue asignado a la Armada el cometido de organizar, preparar, desplegar y apoyar el contingente que llevaría a cabo la misión.

El Tercio de Armada (TEAR) llevó el protagonismo principal. Ubicado en San Fernando (Cádiz) es la principal unidad de Infantería de Marina, compuesto por la Brigada Anfibia (BRIMAR) y la Unidad de Base. En aquélla se encuadran los batallones de desembarco y mecanizado como unidades de maniobra y otros Grupos de Apoyo de Combate y Apoyo de Servicios de Combate.

El plan trazado preveía la organización del contingente, que se le denominó Fuerza de Infantería de Marina Expedicionaria para Haití -FIMEX-H-, con un Grupo de Mando, un Grupo de Apoyo y una Compañía de Maniobra. Los grupos de mando se organizaron partiendo de los Comandantes y Planas Mayores de los Batallones y Grupos de la BRIMAR y cada uno de los cuales estaría aproximadamente cuatro meses.

Ante los acontecimientos ocurridos en Haití (véase recuadro abajo), la comunidad internacional no se mantuvo ajena y, de este modo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) aprobó la Resolución 1529, que autorizaba la intervención de una Fuerza Multinacional Provisional para apoyar al presidente provisional a restablecer la paz y la seguridad. Participaban Estados Unidos, Francia, Chile y Canadá.

LA Misión de Minustah

Más tarde, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 1542, por la que se creó la Misión de Estabilización en Haití (MINUSTAH), que todavía está allí desplegada. Su misión estaba redactada de este modo: "Contribuir a mantener un entorno seguro y estable para permitir el desarrollo del proceso constitucional en curso y la provisión de ayuda humanitaria".

El componente militar de la MINUSTAH contó con fuerzas de Brasil, Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Nepal, Sri Lanka, Jordania, Guatemala, Filipinas, Marruecos y España. Países como Estados Unidos, Canadá, Francia, Croacia, aportaron personal para la policía civil de NNUU y para los Cuarteles Generales. El máximo autorizado para la misión, que estuvo liderada por un general brasileño, era de 6.700 soldados y 1.622 policías.

La FIMEX-H-2 en formación

El contingente español -la FIMEX-H- recibió del JEMAD una misión en línea con la anterior: "Integrarse en la Fuerza de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), para contribuir a mejorar la seguridad y facilitar la asistencia humanitaria".

La zona de responsabilidad asignada al contingente hispano-marroquí fue el Departamento Nordeste, sin duda, uno de los más pobres del país. Esta provincia haitiana tiene frontera con la República Dominicana al Este y está bañada por el Océano Atlántico al Norte. Como siempre ha caracterizado a las unidades de Infantería de Marina, la preparación para el despliegue se hizo en un tiempo récord. En tan sólo unas semanas, en las que la actividad en el Tercio de Armada fue frenética, se consiguió que la primera de las FIMEX-H estuviera preparada para partir de la Base Naval de Rota (Cádiz) el 15 de octubre de 2004 (a bordo del Buque de Asalto Anfibio Castilla) y llegar a Cap Haitien (segunda ciudad del país, situada en la costa norte), en menos de dos semanas, el día 27 del mismo mes.

La FIMEX-H instaló su base principal -La Base Miguel de Cervantes- en la capital de departamento Fort Liberté, una ciudad tranquila de unos 20.000 habitantes. A las pocas semanas del despliegue se creyó conveniente establecer un destacamento permanente en Ouanaminthe, ciudad fronteriza con la República Dominicana, dada la susceptibilidad de que se originaran problemas en este lugar. Se cree que Ouanaminthe se deriva de la pronunciación en creole del nombre original español, Juana Méndez.

La actividad en Ouanaminthe era frenética dos días a la semana -los lunes y los viernes se abría la frontera por el mercado de la cercana Dajabón, en la República Dominicana-, ya que los dominicanos permitían el acceso a los haitianos que venían a este punto para abastecerse desde sitios tan remotos como Cap Haitien. (Situada a 60 kilómetros de Ouanaminthe, son necesarias ocho horas para cubrir esa distancia en los vehículos locales).

Este aumento de la actividad comercial, que atraía casi 50.000 haitianos diarios a la República Dominicana, llevaba consigo un aumento de la actividad de las bandas de delincuentes armados en esta zona. El mantenimiento del orden y la prevención de la actividad delictiva de las bandas armadas fueron una preocupación constante de la FIMEX-H, que estableció un dispositivo especial de seguridad en la frontera durante los días de mercado, durante el año y medio que duró la operación.

La misión de mantenimiento de la paz en Haití ha sido muy diferente a otras análogas. Aquí no había uno, dos o más grupos con claros intereses declarados y objetivos identificables; tampoco tuvimos que enfrentarnos a armamento sofisticado, ni siquiera a las minas.

El problema de Haití radicó en que el orden social era -y aún es-, volátil e inestable. Se podía pasar de la más absoluta calma al caos más rotundo en cuestión de días e incluso de horas. Sin saber cómo, la situación podía terminar en un 'todos contra todos', que los políticos instrumentalizaban a través de múltiples bandas armadas, cuya motivación era simplemente económica y su modo de operar: el robo, la extorsión, el secuestro...

El "establecimiento de un ambiente seguro y estable" era el cometido principal de nuestra misión. La manera de desarrollarlo consistió en hacer visible la presencia de las tropas de MINUSTAH en la zona asignada. Para esto fue necesario realizar un gran número de patrullas -tanto a pie como en vehículo-, controles de carretera y dispositivos de vigilancia en la frontera. Esto resultó sin duda bastante efectivo. El poder disuasorio de nuestras tropas en Haití fue fundamental para que el nivel de violencia y delincuencia disminuyera drásticamente durante el tiempo que duró la misión. Ahora bien, hay que señalar que el desarrollo de estos cometidos fue un trabajo duro de realizar.

La presencia militar se transformó, a finales del año 2005 y el comienzo del 2006, en ofrecer asistencia a las autoridades para facilitar la preparación y el desarrollo del proceso electoral de febrero del 17 de febrero de 2006. Durante este período se realizaron también un gran número de patrullas, pero esta vez escoltando a los componentes de la organización electoral para la preparación de las elecciones por todos los pueblos y pequeñas localidades de la provincia.
La segunda parte de nuestra misión fue la de "facilitar la provisión de ayuda humanitaria". En este aspecto hay que señalar que la función de una fuerza militar en una operación de este tipo debe ser la de asistir a las ONG en la distribución de su ayuda y la ejecución de sus proyectos. Desgraciadamente, y a pesar de encontrarnos en una de las zonas más pobres del planeta, la presencia de organizaciones de asistencia humanitaria (gubernamentales o no gubernamentales) fue mínima.

Escolta de vehículos en la zona asignada del país caribeño


Los cuatro comandantes de los respectivos contingentes españoles que estuvimos en Haití comprendimos inmediatamente que debíamos tomar la iniciativa para permitir esta provisión de ayuda. De este modo, la FIMEX se convirtió en el nodo final de distribución de gran cantidad de ayuda que se envió desde España, bien por parte de la Armada Española o por iniciativa privada.

También dentro de este apartado debemos mencionar las innumerables asistencias sanitarias que el personal sanitario de las cuatro FIMEX-H proporcionó a la población local. Esto ayudó sin duda a ganar las voluntades de los locales; tarea complicada, dicho sea de paso, ya que la percepción inicial que la población local tenía de las tropas extranjeras no era precisamente positiva. Como es lógico pensar, en el transcurso de año y medio los comandantes de los cuatro contingentes que allí estuvimos tuvimos que abordar una gran variedad de problemas.

Reparto de ayuda humanitaria en un orfanato. A la
izquierda el Teniente Coronel Bisbal

El fin de la Misión

El OPLAN Mar Caribe (nombre que el JEMAD dio a la operación) preveía como "situación final militar deseada" el repliegue de la fuerza, por "haberse cumplido los objetivos nacionales fijados". Efectivamente, las autoridades nacionales decidieron, en marzo del 2006, que la FIMEX-H no tendría más relevos; si exceptuamos a la Unidad de Apoyo al Repliegue, que se organizó expresamente para desinstalar la base española y replegar todo el material y vehículos, que embarcaron a bordo de la LST Pizarro, regresando a España en el mes de abril de ese mismo año.

España decidió retirarse de la misión de MINUSTAH, aunque continúa desarrollándose en Haití mientras se escriben estas líneas. El país progresa, pero progresa de manera muy lenta. Los haitianos no parecen haber asimilado bien esta 'inmersión' en el sistema de la democracia occidental. Quizá se necesiten aún unos años para que la población de Haití se inmunice del 'virus' de la corrupción. Mientras tanto, posiblemente sea necesario que la comunidad internacional esté presente para patrocinar el desarrollo de esta nación, que posee los recursos para convertirse en un país próspero y saludable, tanto social como políticamente.

En lo referente a la operación, el balance, en mi modesta opinión, se puede considerar tremendamente positivo; tanto desde el punto de vista profesional como desde punto de vista humano.

Esta era la primera vez que la Armada llevaba a cabo una operación expedicionaria de forma autónoma. La FIMEX-H, apoyada casi exclusivamente con medios de la Armada y de la Infantería de Marina, estuvo desplegada de forma continuada durante 18 meses de gran exigencia operativa. Los Infantes de Marina de las cuatro rotaciones de la FIMEX-H totalizaron muchas decenas de miles de kilómetros recorridos en la zona asignada y se ganaron el respeto y la admiración del pueblo haitiano, al que también ayudaron distribuyendo muchas toneladas de ayuda humanitaria.

En el plano personal, no cabe duda que esta misión ha dejado huella en los casi mil Infantes de Marina que allí estuvimos. El hecho de que la misión se desarrollara en un lugar de tan extrema pobreza nos hizo pensar a muchos sobre los verdaderos valores de la vida. Poder ayudar a los demás en estas condiciones es sin duda una satisfacción, aunque uno se dé cuenta que es sólo un pequeño grano de arena en todo un desierto de necesidades.

A la mayoría de los que allí estuvimos nos impactaron las condiciones de vida de los haitianos. Pudimos ver sus casas, en las que no había casi de nada, pudimos ver sus paisajes, bellos pero infra desarrollados, y pudimos conocer a sus gentes; la mayoría buena gente. Hicimos lo posible para enseñarles a encontrar un futuro próspero y pacífico, aunque la sensación al salir de allí fue la de haberles dejado a sus expensas.

A cambio, ellos también nos enseñaron algo: que se puede ser feliz con muy poco.

Punto de control en una carretera

El entorno y el conflicto

Haití es uno de los países más pobres de la tierra. Este país caribeño ocupa el tercio occidental de la isla de La Española y está habitado por una población de unos ocho millones de habitantes.

A pesar de ser uno de los primeros países de América en declarar la independencia (enero de 1804), su devenir como república independiente ha estado marcado por una serie de conflictos internos y externos y una sucesión de líderes que no proporcionaron al país el ritmo de desarrollo social y económico necesario para su supervivencia. No se pretende repasar ahora a la historia de Haití, pero sí que es necesario comprender la situación del país y los acontecimientos de originaron la crisis que motivó la intervención de las NN.UU.

Se puede considerar que los antecedentes del conflicto tienen su origen en la era de Jean-Bertrand Aristide, que llegó al poder en 1990. Era un sacerdote católico y su política, abiertamente populista y con ideas muy cercanas al comunismo, perseguía esencialmente los avances en asistencia social y una mejor redistribución de las riquezas, que hasta entonces estaban en manos de unas pocas familias que constituían las élites del país. Éstas no aceptaron la nueva política y sucedió lo inevitable. En el año 1991 el general Raul Cedrás depuso a Aristide mediante un golpe de Estado. Sin embargo, la dictadura militar de Cedrás no pudo sobrevivir demasiado tiempo y la presión internacional permitió el regreso de Aristide al poder en el año 1994.

Autobús haitiano denominado tap-tap


Entre los años 1994 y 2000, Aristide se fue acomodando al poder y su partido, refundado en el año 1996 como Fanmi Lavalás (FL, Familia Lavalás en creole) empezó también a padecer una de las 'enfermedades' que mejor caracterizan la vida pública y política de Haití: la corrupción. De este modo, el propio partido se debilitó y surgieron grandes tensiones internas que, a la postre, significaron la debilidad del Gobierno y de todo el sistema político y social de Haití.
La oposición, agrupada en la Convergencia Democrática (CD), aprovechó estas circunstancias para tratar de sacar tajada del desorden político. En mayo del 2000 se celebraron elecciones y el partido FL volvió a ganar, aunque esta vez las elecciones estuvieron marcadas por múltiples irregularidades y un fraude generalizado.

En los años siguientes se vivieron una serie de enfrentamientos entre los partidarios de CD y los grupos progubernamentales y la policía. La violencia se extendió también a las zonas más desfavorecidas del país y a los arrabales de la capital, Puerto Príncipe.
Otro de los grupos protagonistas de la oposición armada al régimen de Aristide fue el de los ex militares -muchos de ellos exiliados en la República Dominicana-, que quedaron desatendidos al disolver Aristide las Fuerzas Armadas en 1995, tras su reinstauración en el poder, para evitar nuevos golpes de Estado.

Con esta situación, Aristide no tuvo más remedio que abandonar el país el 29 de febrero del año 2004. El poder lo asumió el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Boniface Alexandre, a quien correspondía de acuerdo con la Constitución. La salida de Aristide de Haití trajo consigo un caos generalizado, ya que los partidarios del depuesto Presidente también se armaron y el estallido de la violencia fue esta vez mucho más serio, dejando al país en una situación muy semejante al de una auténtica guerra civil. Con la salvedad de que ésta se estaba librando no entre dos bandos, sino en un totum revolutum de todos contra todos, que provocó el surgimiento de múltiples grupos y bandas armados con diferentes motivaciones, aunque la mayoría de ellos se constituyeron como grupos que únicamente pretendían lucrarse mediante el robo y la extorsión, utilizando la violencia como un instrumento en este clima de desgobierno generalizado.

El tándem hispano-marroquí

La decisión del gobierno de participar en la Operación MINUSTAH pasaba por ir de la mano con Marruecos, mediante la formación de un pequeño batallón con 200 efectivos de la Infantería de Marina española y 160 efectivos del Ejército marroquí.

El jefe del contingente marroquí -un teniente coronel- se instaló en una casa de Fort Liberté a muy pocos metros de la Base Miguel de Cervantes. Esto permitió que las relaciones con el mando del contingente español fueran próximas y fluidas. De hecho, el oficial de operaciones marroquí asistía diariamente a la reunión de la plana mayor del contingente español.

En el plano operativo se decidió, desde el primer momento, separar geográficamente las áreas de operaciones de ambos contingentes, dentro de la zona asignada (Departamento Nordeste). Esto nos permitió evitar las interferencias, por una parte, así como dotar de identidad propia a la participación marroquí. Por supuesto, los cometidos a realizar, las zonas a patrullar y las prioridades, las marcaba el jefe del batallón -el coronel español-.

En algunos momentos de la operación y, sobre todo, en zonas de especial importancia, se planearon algunas misiones conjuntamente. Esto hacía necesario dotar a los marroquíes de los medios necesarios para poder comunicarse con el mando español sobre el terreno, cuestión que quedó solventada mediante destacamentos de enlace.

Los marroquíes nos ofrecieron alguna ventaja durante el desarrollo de la operación. Concretamente, el hecho de utilizar el francés como lengua de trabajo les daba una gran ventaja en una población francófona como Haití y, de este modo, sus medios de obtención de información fueron muy importantes para el desarrollo de la misión.

En el plano social, se llevaron a cabo múltiples actos con la participación de personal de ambos contingentes. Comidas, eventos deportivos y, simplemente visitas de cortesía entre uno y otro contingente sirvieron para aumentar la confianza mutua entre los componentes de las dos fuerzas. Sin duda, esta misión sirvió para reforzar los lazos entre España y Marruecos.

Un momento delicado

Quizá el hecho más grave ocurrió el 12 de enero de 2006 cuando un camión dominicano trataba de repatriar al cementerio de Ouanaminthe los cadáveres de 24 haitianos que procedían de la RD. Uno de los problemas más importantes entre Haití y la República Dominicana es el de la inmigración ilegal, debido a la tremenda pobreza de la ex-colonia francesa. De este modo no era extraño que de vez en cuando se produjeran redadas de haitianos ilegales, en la RD, que después eran repatriados en condiciones precarias a Haití, en camiones de carga o ganado, donde algunos llegaban desgraciadamente ya cadáveres.

Los disturbios se produjeron cuando una masa de haitianos encolerizada agredió al personal que estaba realizando este movimiento. Las tropas españolas tuvieron que intervenir, pero pronto se convirtieron en el foco de todas las iras, y un buen número de haitianos -previsiblemente azuzados por los líderes de algunas bandas armadas- llegaron, no solo a agredir a las tropas de la FIMEX-H, sino a rodear la casa del destacamento y atacarla lanzando cócteles molotov.

Afortunadamente, la serenidad y profesionalidad de los Infantes de Marina, que actuaron de manera coordinada y bajo la supervisión de sus mandos inmediatos -utilizando los medios disponibles de acuerdo con las reglas de enfrentamiento-, permitieron que se sofocara la revuelta y se restableciera el orden, sin que hubiera que lamentar ninguna baja.

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Comentarios
Añadir comentario Total comentarios 2
Fernando Nogales Fernandez
03/07/2010 3:35:00
Se tiene diferente optica cuando se esta en Haiti como yo la tuve gracias al Ejercito de Bolivia en el año 2007-2008 y mas aun en la Apertura de misión de mi pais en ese pais tuve el grado de Tte.Dr. del contingente boliviano una gran fustración para mi porque no se pudo efectuar la ayuda humanitaria como hubiesemos querido pero al fin se hizo lo que se pudo, auguro mejores dias a ese hermoso pais y gracias por haberme acogido y que jamas olvidare y que algun dis añora retornar. Atte.Dr.Nogales 23   14
maria vicenta
19/01/2010 19:21:52
tan trajico que me dan ganas de ser presidenta 61   66
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