Hemeroteca | Newsletter | Normativa | Enlaces | Agenda              Acceda a la web del grupo Atenea
            Busca en Atenea Digital todo aquello que contenga alguna de las palabras escritas. Si introduce comillas al principio y al final buscará todo aquello que contenga la frase exacta introducida. Buscador Avanzado
   domingo, 05 de febrero de 2012
         PORTADA     | OPINIÓN | NACIONAL | INTERNACIONAL | IBEROAMÉRICA | INDUSTRIA / OBSERVATORIO | ENTREVISTAS | PATRIMONIO

Misión UNTAG en Namibia

Pedro Bernal Gutiérrez  

Este artículo se publicó en el número 7 de la Revista Atenea


España, que ingresó en la ONU en 1955, no participó a lo largo del periodo de la Guerra Fría en ninguna operación de mantenimiento de la paz ni aportó medios económicos ni apoyo logístico en forma de "otras contribuciones", aunque sí llevó a cabo misiones aisladas de carácter humanitario y de cooperación internacional y participó desde 1965 en las actividades, estudios y trabajos de seguimiento, del Comité especial de operaciones de paz de dicho Organismo.

Fue hacia el final de ese periodo, hace ahora 20 años, cuando se materializó, por primera vez, la participación de una fuerza militar española en ese tipo de misiones.

En concreto, España desplegó desde marzo de 1989 y hasta marzo de 1990 una Agrupación Aérea en Namibia, de entidad Grupo independiente, como contribución a las fuerzas del Grupo de Asistencia a la Transición de Naciones Unidas que, bajo el mando del General indio Prem Chan, constituyeron el componente militar de UNTAG.

Si se tiene en cuenta, además, que dos meses antes, España ya había enviado a Angola tres observadores del Ejército de Tierra, para participar en la misión UNAVEM, ligada a la misión UNTAG, podemos asegurar que fue el comienzo de una nueva etapa de colaboración activa y cada vez más intensa de nuestro país con una Organización considerada como referente en la búsqueda de paz y estabilidad y resolución de conflictos a nivel internacional, como subrayó en 1988 la concesión del Premio Nobel de la Paz.

Constituyó una muestra de la decidida voluntad de España de asumir la responsabilidad que le corresponde en la comunidad de naciones en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, recogida en el Preámbulo de nuestra Constitución y en las sucesivas Directivas de Defensa Nacional.

La misión UNTAG fue consecuencia de la Resolución 435, aprobada por el Consejo de Seguridad el 29 de septiembre de 1978, y tenía como objetivo asegurar la rápida independencia de Namibia, a través de elecciones libres e imparciales bajo el control y supervisión de Naciones Unidas.

Este territorio, conocido anteriormente como Africa del Suroeste (Südwest Afrika), fue colonia alemana primero y pasó bajo administración sudafricana después, hasta desembocar en un largo periodo de inestabilidad y enfrentamientos que se trasladaron, incluso, a la vecina Angola.

Fueron necesarios nuevos acuerdos para la retirada de tropas cubanas y sudafricanas y una nueva Resolución, la 632 de 1989, para cerrar un proceso de 25 años de gestiones diplomáticas y una década de preparación.

Como Alto Representante de ONU fue nombrado el finlandés Atisahari. Bajo su responsabilidad estaban observadores y colaboradores civiles, unidades militares - unos 4500 soldados - y unidades de policia - unos 1500 efectivos - desplegados en un territorio más de vez y media superior al de España. En el momento álgido de las elecciones llegaron a estar representados cerca de 100 países.

A la consulta inicial realizada a España, en solicitud de 10 aviones de transporte de despegue y aterrizaje corto y las correspondientes dotaciones de personal, se dió en 1982 una respuesta afirmativa, tras numerosas reuniones entre los Ministerios de Exteriores y de Defensa en las que sirvió de referencia la experiencia obtenida durante años en Guinea Ecuatorial por el destacamento de dos aviones CASA 212, del Ala 35, dentro del programa de cooperación con el gobierno de ese joven país.

El embajador Carlos Sánchez de Boado y miembros del
contingente entregan una bandera nacional al museo
de Windhoek

La misión asignada al destacamento español fue la de apoyar mediante el transporte aéreo al despliegue y redespliegue del personal civil y militar y a las necesidades de transporte logístico y correo, ayuda médica y aeroevacuaciones. Igualmente, traslado del personal encargado de asistir a la preparación, desarrollo y supervisión de las elecciones y algunos otros apoyos como fueron, en su momento, el transporte desde Angola de antiguos guerrilleros del SWAPO o vuelos de reconocimiento en alguna zona fronteriza determinada.

Hubo que esperar a los acuerdos entre Angola, Cuba y Unión Sudafricana de diciembre de 1988 para activar los antiguos planes, una vez actualizados con espíritu pragmático y concretados en una participación centrada en ocho aviocares y personal de la unidad ya mencionada, reforzados con efectivos de otras unidades y organismos hasta un total de 81 personas. Como refuerzo durante el crucial periodo electoral se incluyó el despliegue, durante un mes, de un avión Hércules, con una tripulación reforzada.

Para tareas de planeamiento, coordinación y control de actividades aéreas, se incluyeron cuatro representantes españoles en el Estado Mayor de UNTAG, el cual ejerció también estas actividades respecto a un contingente italiano de ocho helicópteros y doscientos efectivos.

Al destacamento español, encargado de cubrir todo el territorio, se le asignó como base principal el pequeño aeródromo civil de Eros, cercano a la capital, Windoek, y para atender la mayor demanda de actividad y de nivel de alerta de la zona Norte, dos pequeños destacamentos en Rundu y Ondangwa, consistentes cada uno en un avión al principio y dos aviones después, con sus correspondientes tripulaciones reforzadas.

En las dos citadas bases, operadas inicialmente por la Fuerza Aérea Sudafricana, desplegaron, también los italianos, centrados en operar en esta zona septentrional más densamente poblada.

Firma de los acuerdos para el desarrollo de la misión UNTAG


Por las condiciones previstas en que habría que operar, hubo que asegurar un alto nivel de autosuficiencia para la Agrupación, dotarla de asistencia médica, jurídica, administrativa y religiosa y mantener un cordón umbilical con España mediante un vuelo de avión Hércules cada tres semanas. Vuelo que también sirvió para dar apoyo al destacamento de Guinea y a los observadores españoles desplegados en Angola.

Desde mediados de 1988 se llevaron a cabo tareas preparatorias en los Ministerios de Exteriores y de Defensa, con participación del Estado Mayor del Aire y el Mando Aéreo de Transporte. Prácticamente, todo el Ejército del Aire se vió involucrado en alguna actividad, siendo de destacar el esfuerzo realizado simultáneamente por las tres Maestranzas Aéreas para pintar los aviones con los colores de la ONU y dotarlos con un potencial de horas suficiente, equipos de navegación, comunicaciones y lo necesario para operar con autonomia en una región con grandes áreas desérticas.

Como primer Jefe del destacamento se designó al Tte. Col. Ferrús, quien hubo de prepararse y participar en actividades en Nueva York y Suecia junto con algunos otros oficiales como el Tte. Col. Poblador, cabeza de los representantes españoles en el Estado Mayor y que posteriormente fue relevado por el Coronel del Real.

También se realizó un desplazamiento a Namibia, con meses de antelación, para conocer las bases de despliegue, los medios disponibles y otra información concerniente a la misión, como la referida al nivel de seguridad, sobre todo en el Norte.

El despliegue de la unidad supuso sobrevolar toda Africa durante 40 horas, con un recorrido de 7.850 Km, haciendo escalas en Gando, Mauritania, Senegal, Liberia, Costa de Marfil, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Gabón, Angola y, ya en Namibia, Ondangwa y, finalmente, Windoeck.

Durante los primeros meses, el destacamento hubo de adaptarse a condiciones desfavorables de alojamiento y de operación, que mejoraron posteriormente y, sobre todo, a la inestabilidad ocasionada por los enfrentamientos de las fuerzas sudafricanas con grupos guerrilleros del SWAPO, cerca de la frontera con Angola, y actividades terroristas en otras zonas del país, amén de la presencia de grupos incontrolados armados con misiles SAM, que obligaban a volar a 15 metros del suelo en el Norte y dificultaban las maniobras de aproximación y despegue en Ondangwa y Rundu, contabilizándose una docena de incidentes con aves y algun conato de accidente con la copa de los árboles.

Puesto de comunicaciones del Destacamento

Posteriormente, tras un periodo de normalidad y varios relevos del personal, incluido el del jefe del destacamento, la aproximación al periodo electoral supuso un incremento de la actividad y el aumento de tensión obligó a extremar de nuevo las medidas de seguridad y a limitar la libertad de movimientos del personal en un entorno ya de por sí limitado.

La escasez de ayudas a la navegación se compensó aceptablemente con los sistemas de navegación Omega, a condición de que no hubiera tormenta eléctrica, y en los aproximadamente tres meses de la temporada de lluvias, el radar meteorológico fue de inestimable ayuda.

Durante la larga temporada seca, la elevada altitud de los aeródromos y el calor parecieron estar en el origen de crecientes problemas con la potencia y la temperatura de los motores en el despegue. Un largo y exhaustivo seguimiento del problema y de las condiciones del material permitió resolverlo al encontrar su causa en el fino polvo que se depositaba de forma imperceptible sobre los radiadores. Por lo demás, el comportamiento de los Aviocares fue excepcional.

En general, la escasa infraestuctura aeronáutica, donde la había, estuvo mantenida por la administración sudafricana y se complementó con medios propios y algo de imaginación, como fue, entre otros, el caso de generadores alimentados por placas solares, encadenados a postes en lugares practicamente aislados.

Visita del General Paternina, Segundo Jefe del Mando Aéreo de Transporte

Las comunicaciones se basaron en HF y, al comienzo, plantearon problemas de interferencias que fueron subsanadas con el tiempo, al diversificar equipos y frecuencias. En muchos lugares, la coordinación de los vuelos se realizó por los propios aviones y radiando "a ciegas".

Con el redespliegue de las fuerzas sudafricanas, se perdió la mayor parte de sistemas de apoyo en tierra, combustible, balizaje de pistas, control de vuelo y todas esas cosas a las que estamos acostumbrados habitualmente y que no apreciamos suficientemente.

Afortunadamente, las excelentes relaciones y el espíritu de cooperación del destacamento con otros contingentes de la ONU y con la población local permitieron subsanar la mayoría de las deficiencias, eso sí, con un gran esfuerzo de negociación por parte de los miembros del destacamento con capacidad para comunicarse en inglés, independientemente de la función principal que tenian asignada, los pilotos, el jurídico, el médico, el cura, el intendente. y, sobre todo, mucha imaginación y gran capacidad de adaptación al medio.

En esta etapa adquirió una mayor importancia, si cabe, el apoyo recibido desde España a través de la estafeta, que gozó de alta prioridad y que requirió dedicar mucho interés y esfuerzo por parte del Estado Mayor del Aire y del Mando Aéreo de Transporte y de muchas personas y organismos, particularmente del Ala 35, volcada en asegurar la operatividad del destacamento al tiempo que mantenía su propia actividad, lo que supuso incrementar en un 60% su esfuerzo habitual.

Seis aviocares estacionados en Eros


También es preciso subrayar el importante papel de la representación diplomática española, dirigida primero por el embajador Ortíz y después por Sánchez de Boado, primer embajador español en Namibia tras su independencia. Para el contingente supuso contar siempre con apoyo de todo tipo, supliendo muchas veces déficits organizativos y administrativos de la particular organización de la ONU.

En los ultimos meses de la misión, el destacamento alcanzó un elevado nivel de autosuficiencia, dispuso de una valiosisima información de los lugares más recónditos donde podia tomar un avión; en ocho bases, el balizaje nocturno se basó en un juego de ocho balizas alimentadas por placas solares, operadas por el destacamento de la ONU más próximo, se intensificó la cooperación con las escasas compañias de vuelos charter locales, tanto para apoyo logístico y operativo como para información meteorológica.

También se estrecharon los lazos con las compañias locales contratadas para proporcionar apoyo en tierra e, incluso, eran conocidos los lugares que había que sobrevolar para que el encargado de la correspondiente bomba de combustible acudiera presto en su bicicleta para repostar al avión en aquellas pistas que habían quedado prácticamente abandonadas.

Mediante un sistema de comunicaciones, diversificado pero sencillo, se mantuvo enlazados permanentemente a todos los miembros del contingente, a través de un pequeño centro de operaciones, que igual sirvió para controlar y coordinar toda clase de actividades en tierra o en vuelo, como para asistir a una tripulación en situación de emergencia y que permitió asegurar el normal funcionamiento del sistema de alertas y una capacidad de reacción de media hora, sin fatigar excesivamente al personal.

En la medida de lo posible, la capacidad del destacamento se proyectó también sobre la población civil, en forma de colaboración médica y ayuda humanitaria y hasta la visita de colegios al contingente español se convirtió en algo habitual.

Actos de celebración de la independencia de Namibia


En términos generales, el destacamento contribuyó en gran medida a asegurar la presencia la ONU en todo el territorio y a proporcionar asistencia durante todo el proceso, circunstancia ésta reconocida y muy apreciada por todo el mundo y, particularmente, por el Alto Representante, quién en varias ocasiones en que se encontró con el ,a la sazón, jefe del destacamento y autor de este artículo, se mostró convencido de que los españoles eramos más de mil. Mi respuesta fue siempre la mísma, somos pocos pero nos movemos mucho. A ello hay que agregar la enorme contribución que supuso, en términos de carga, volumen y radio de acción, la incorporación del Hércules durante el periodo electoral.

En ese sentido, las 3.480 horas de vuelo de los Aviocares supusieron el equivalente a transportar a todos y cada uno de los miembros del contingente y su equipo de Norte a Sur y regreso. En cuanto al Hércules, un solo avión transportó en un mes, con 93 horas de vuelo, 1.809 pasajeros y 102 Tm. de carga, casi un 25% de lo realizado por todos los demás aviones durante un año.

Una circunstancia importante a señalar es que se cumplimentó el 100% de las misiones de vuelo asignadas, que la disponibilidad media de aviones se mantuvo con un 90% por encima del 70% comprometido y que los tiempos de reacción fueron menores de los solicitados.

A modo de consideración general cabe subrayar que, desde el punto militar y humano, el contingente español se ganó la confianza y el aprecio de los miembros de UNTAG y de la población local e, incluso, de las partes enfrentadas. Altos representantes de ambas partes (por ejemplo, Sam Nujoma) llegaron a coincidir fisicamente, de forma natural pero inesperada, en las instalaciones de la unidad, creándose una situación más propia de una comedia de enredo que de un proceso en el que tantas cosas importantes estaban en juego.

Una muestra de esa confianza fue el deseo expreso del nuevo Presidente de que los ultimos cuatro aviones del destacamento participaran en el desfile de la Independencia.

Para los que asistimos a la Ceremonia oficial de entrega de poderes, el acto constituyó un verdadero bautismo de paz para el contingente y tuvimos la sensación de que el suave ondear de aquella joven bandera de concordia y libertad recibía como un soplo de brisa el esfuerzo, la generosidad y el sacrificio de muchas personas, entre ellos, muchos españoles.

Al sobrevolar de nuevo toda Africa, de regreso a casa, nos acompañó la satisfacción del deber cumplido y, también, el convencimiento de que todo aquello había valido la pena. Nuestro mejor premio fue ver el estandarte del Ala 35, nuestra unidad, adornado con la Corbata de la Orden de Isabel la Católica.

Fotos del autor

Untitled Document
Comentarios
Añadir comentario Total comentarios 0
Introduce tu comentario
Nombre
Email*

Comentario*

a7t6s4
Código* Introduzca el código que se lee en el cuadro superior
 
 Atenea se reserva el derecho de no reproducir los comentarios que se consideren ofensivos, contengan insultos personales o no estén relacionados con el contenido del artículo.
   REVISTA ATENEA
   AGENDA
   LO MÁS LEIDO
   DESTACAMOS

Análisis

Documentos Atenea

Documentos Atenea

Armamento y material

Normativa General

Organización

Personal

Internacional

Notas de prensa
Hemeroteca | Multimedia | Normativa | Enlaces | Agenda       Acceda a la web del grupo Atenea
 
 
Mapa Web | Contacto | Aviso Legal | Quiénes somos | Publicidad | Normas de Colaboración | Quién es la diosa Atenea José Abascal nº 18 · 28003 Madrid
Tel. 91 594 52 55 · Fax 91 448 80 95