Sin recuperarnos aún del frustrante secuestro del "Alakrana" y mientras otros atuneros deben repeler ataques de otros piratas, en la otra punta de África, en Mauritania, tres ciudadanos españoles eran secuestrados -presumiblemente por terroristas de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) pues no hay otros actores a considerar en la zona que puedan haberlo hecho - el 29 de noviembre. De nuevo la angustia y la humillación, demostrándose que con pocos medios pero determinación para ello actores modestos pueden mantener en vilo a una nación entera.
Desde que consiguieran expulsar para siempre a la veterana prueba deportiva y cultural "París-Dakar" del suelo africano hace dos años - y esa es otra hazaña de estos terroristas yihadistas salafistas que podemos ubicar también en Mauritania - AQMI no ha cejado en su empeño de combatir a los regímenes apóstatas de la región y a sus poblaciones así como a "sus valedores extranjeros", en algunos momentos calificados de "cruzados estadounidenses y franceses" pero que en la realidad nos incluye a todos. Para estos criminales que en octubre bautizaban pomposamente a su nueva herramienta de propaganda como "Instituto de Comunicación Al Andalus" - y probablemente la utilizarán para reivindar más pronto que tarde el secuestro de los tres cooperantes españoles - bajo dicha acepción de cruzados cabe todo: desde funcionarios gubernamentales occidentales hasta turistas y cooperantes, pues todos ellos con su sola presencia o con los fondos o ayuda que transportan están no solo apuntalando a los regímenes sino también introduciendo malas influencias foráneas e infieles en sociedades musulmanas que estos iluminados quieren proteger y reconducir.
Los tres españoles capturados cerraban con su vehículo un convoy de la ONG "Barcelona Acció Solidària" que había abandonado la Ciudad Condal el 22 de noviembre con destino a Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia. Aunque no se trate con ello de hacer catastrofismos sí es importante que todos sepamos en qué manos presumiblemente han caído. Los miembros de AQMI no son sólo piratas de tierra, es decir delincuentes como los que secuestraron al "Alakrana", sino que añaden a dicha execrable etiqueta la de terroristas que puede que se conformen con exigir rescate - que servirá para alimentar atentados dentro y fuera de la región al nutrir con fondos su sanguinaria maquinaria - sino que nuestras autoridades deberán estar preparadas para otras posibles exigencias y, en cualquier caso, para sostener un pulso que anteriormente han sostenido también otros Gobiernos de nuestro entorno (Alemania, Austria, Francia, Suiza o el Reino Unido, entre otros) con resultados diversos.
La industria del secuestro en manos del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino - predecesor de la sofisticada y transfronteriza AQMI - se inició y con éxito en 2003 y se mantiene hasta hoy. El pasado 26 de noviembre era secuestrado el ciudadano francés Pierre Camatte en el norte de Malí; en junio se resolvía el secuestro de cuatro europeos producido en diciembre de 2008 (tres liberados previo pago y un cuarto asesinado, este último el británico Adwin Dyer cuyas autoridades habían sido sometidas a un chantaje reforzado con la solicitud de la imposible liberación de peligrosos presos yihadistas); y durante todo el año 2008 una pareja de turistas austríacos permaneció en manos de AQMI hasta que se pagó su rescate. En el caso de estos últimos fueron secuestrados en el sur de Túnez y liberados en Malí, poniéndose con ello de manifiesto las capacidades logísticas de los terroristas.
Los mismos que secuestran, asesinan a magrebíes (los más, militares y civiles) y a algunos extranjeros (el estadounidense Christopher Leggett moría en Nuakchott el pasado 23 de junio y en diciembre de 2007 una familia francesa al completo había sido asesinada también en territorio mauritano), atacan Embajadas (un suicida moría en Nuakchott atacando la de Francia el pasado 8 de agosto y un año antes había sido tiroteada la Embajada de Israel) y mantienen su activismo transfronterizo afectando sobre todo a la propia Mauritania, a Argelia y a Malí. Largos y peligrosos secuestros pues en las inmensas arenas del Sahel que sirven para engrasar la maquinaria terrorista de una AQMI que algunos analistas se empeñaban en calificar últimamente de amenaza residual.

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