Han pinchado en hueso, por fin, los piratas somalíes con los atuneros españoles. O no supieron el cambio de las condiciones de seguridad en los pesqueros - cubiertos ahora por una ecuación de defensa singularizada, más allá de la genérica y débil disuasión de la Operación Atalanta -; o sabiéndolo entendieron mal qué suponía como cambio la incorporación a los barcos de profesionales de la seguridad, con conocimiento y destreza en el uso de armas de defensa. Encelados los piratas con los pingues beneficios logrados con los secuestros del "Alakrana" y el "Playa de Bakio" y el bajo perfil reactivo del Gobierno español, han cosechado un fracaso en el asalto bien distinto del que tuvieron en su primer acoso al "Alakrana". Que entonces escapó por motores. Ahora, el "Ortube Berría" no lo ha hecho ni por pistones ni pistolas, sino por la disuasión suficiente del fuego con que fueron repelidos.
Como digo en el encabezamiento de esta nota, el viento cambia en el Índico. La fórmula española de seguridad, más allá de que se combine con el marco operativo de la Operación Atalanta, invierte o neutraliza el enunciado del riesgo. Y lo hará más aun si, conforme lo anunciado por la ministra de Defensa - anticipando lo que será propuesta de la presidencia española en la UE entre enero y junio - se pasa al sistema de abordar, desde los medios militares desplegados en el actual dispositivo militar en la mar índica, las embarcaciones sospechosas de funciones de avituallamiento a los esquifes piratas, permitiéndoles operar a muchas millas náuticas de la costa africana o de cualquier otra base de apoyo. Es decir, un asunto de importancia central en la estructura del riesgo que soporta toda navegación civil por aquellas aguas.
Más allá de lo que haya dado de sí lo que parece una persecución de los piratas por la fragata portuguesa "Álvarez Cabral", asistida por el avión de patrulla marítima, lo que una y otra cosa - la respuesta armada al ataque desde el pesquero y la orden para que el navío lusitano pusiera rumbo al escenario de los hechos y sus entornos - vienen a establecer es la apertura de un nuevo capítulo en la crónica de estos piratas del Cuerno de África. Problema que posiblemente no hubiera aparecido jamás sin la muerte clínica del Estado somalí: un ente de ficción con capital en Mogadiscio, cuya fuerza está suplida y secuestrada por la que desarrollan los "señores de la guerra".
Lo cual, cuando se bosquejan operaciones político-diplomáticas de colaboración llamadas a resolver tan profundas anomalías y peligros para la seguridad marítima, o se está perdiendo el tiempo y el dinero, o se apuesta por resultados dentro de plazos inasumibles, o se practica la caridad internacional mientras cursa la simulación, pura y dura, de supuesta actividad cuando en realidad, políticamente, no cabe hacer nada ni nada se hace de interés apreciable.
Pero más allá de todo, lo importante ahora es que el sistema de seguridad puesto a bordo de los pesqueros funciona, como también lo puede hacer en la Marina Mercante. En el fondo de todo, la piratería sobreviene cuando existen grietas inadvertidas en los sistemas de seguridad. Cuando se advierten las causas de tales grietas el problema queda ya medio resuelto.

Otros artículos del autor
¿Qué hacer con la piratería?
El Peñón, en tiempo de piratas
El Chavismo se vuelve contra Colombia
Hondureña solución para Honduras
En Uruguay, el frente amplio se estrecha
"Use money as weapon"
Desafío a la seguridad del terrorismo de Al Qaeda