La secretaria de Estado Hillary Clinton ha expresado su frustración con el gobierno afgano en su reciente visita a Afganistán y ha aclarado la situación sobre el futuro papel de Estados Unidos en la región: destruir a Al-Qaeda.
Posiblemente Hillary Clinton, haya sido en las últimas semanas, junto al senador demócrata John Kerry, quien haya adelantado el devenir de los acontecimientos. Hillary Clinton recientemente ha advertido que "los días en los que se hablaba de construir una democracia moderna y construir un Estado funcional" en Afganistán han pasado. Al mismo tiempo ha apuntado que la "construcción de estados" no es el "objetivo principal de los Estados Unidos" y que "no estamos interesados en permanecer en Afganistán por un largo periodo. Esto debe quedar muy claro". Algo que ya apuntó el embajador estadounidense en Kabul, Karl Eikenberry, cuando descartó el Informe McChrystal y la opción de enviar más recursos y tropas a Afganistán, lo que en su opinión lo único que haría sería incrementar la dependencia de este país con respecto a Estados Unidos.
Hillary Clinton ha señalado que Obama basará su decisión con el objetivo de "capturar a aquellos que nos atacaron", dando a entender que la nueva estrategia será contraterrorista y no de contrainsurgencia. Sin embargo, Anders Fogh Rasmussen, jefe de la OTAN, parece resistirse a esta idea y ya ha advertido que en el caso de abandonar Afganistán "Al-Qaeda volvería inmediatamente" (The Economist, 21 de noviembre).
De todas formas parece que, sea cual sea la decisión que tome el presidente Obama, deberá hacer frente a dos grandes obstáculos. Por un lado, el dinero. Según los servicios de investigación del Congreso (Congressional Research Service), Estados Unidos gasta una media de 3,6 billones de dólares cada mes en Afganistán. Por otro, la opinión pública. Si bien el Congreso votará a favor cualquier decisión que tome el presidente, la tendencia en las encuestas de opinión pública (Pew Research Center) señalan que solamente el 36% de los estadounidenses cree que la guerra va bien.
Muchos estadounidenses se sienten incómodos acerca de la idea de apoyar a un gobierno como el de Karzai bajo acusaciones de fraude y corrupción. Recientemente la organización Transparency International ha situado a Afganistán como el segundo país con más corrupción del mundo.
La clave sigue estando en proporcionar "seguridad básica", argumenta Peter Bergen, experto en terrorismo internacional de la New American Foundation. Éste es el elemento fundamental que no se está cumpliendo, dijo en una reciente conferencia en Washington DC. Como ejemplo dijo que tomar la carretera de Kabul a Kandahar en el 2005 era algo seguro; hoy, sin embargo, es algo "suicida", comentó.
Douglas Macgregor, ex coronel del ejército norteamericano, ha señalado en una reciente exposición para los congresistas que "Estados Unidos debe abandonar Afganistán". Según este experto del Center for Defense Information, se está sobrestimando los intereses estratégicos de Estados Unidos en Afganistán. Como ejemplo pone el caso de DeGaulle, sus generales y Argelia. En 1959 los generales franceses argüían que abandonar Argelia sería catastrófico para Francia porque el país caería en manos de los soviéticos. Esto no ocurrió y DeGaulle acabó relevando a los generales. ¿Ocurrirá algo parecido con Obama y sus generales?

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