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Antony, izqda., y Kitazawa, dcha. / indian.gov |
El actual ministro de defensa indio, A.K. Antony, visitó por primera vez Japón durante los pasados 7,8 y 9 de noviembre. Al frente de una delegación compuesta por su asesor científico V.K. Saraswat, el secretario de defensa Pradeep Kumar, el segundo jefe de estado mayor de la Armada D.K. Dewan, y diversos oficiales, Antony tuvo ocasión de tratar una amplia variedad de temas con su homólogo nipón Toshimi Kitazawa.
Se trata de la primera visita oficial de un ministro indio a Japón tras la llegada al poder del actual gobierno en Tokio. La última visita oficial de un ministro de defensa japonés a la India se produjo en mayo del 2006. Nacido en 1940 en el estado indio de Kerala, A.K. Antony es un abogado y político, afiliado al Partido del Congreso y diputado por el mismo en representación de su estado natal.
Entre los campos abordados por Antony y Kitazawa durante los tres días que duró la visita destacan la seguridad marítima y la lucha contra el terrorismo, así como las relaciones bilaterales en materia de defensa, incluyendo las maniobras conjuntas y las operaciones de mantenimiento de la paz. China también fue discutida pero de una forma más discreta. Los dos ministros acordaron impulsar la redacción de un plan de actuaciones conjuntas en defensa.
Cooperación bilateral
Antony y Kitazawa acordaron en el curso de la visita reforzar la cooperación bilateral en seguridad y defensa, comprometiéndose a redactar un plan conjunto de actuaciones que permitirá profundizar su relación en campos como la lucha contra la piratería y el terrorismo. También acordaron llevar a cabo maniobras conjuntas y cooperar a nivel bilateral y regional en operaciones de mantenimiento de la paz y de respuesta a catástrofes naturales.
En relación al Foro Regional de ASEAN, foro de seguridad en Asia-Pacífico que reune a 27 países (incluidos los 10 miembros de ASEAN, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, y las principales potencias regionales como Estados Unidos, China, Japón, e India) decidieron profundizar su coordinación en dicho marco.
Se prevé que el plan de actuación conjunta será firmado durante la visita oficial a la India del primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, prevista para el próximo año. El proyecto fue inicialmente acordado durante la visita del primer ministro indio, Manmohan Singh, a Japón el año pasado.
China
Según fuentes oficiales japonesas no identificadas, Kitazawa afirmó que la comunidad internacional debería reclamar a China más transparencia en materia de defensa, mientras que Antony no se definió claramente al respecto e indicó a su homónimo que Nueva Delhi estaba progresando en sus relaciones con Beijing.
Como se ha comentado, este aspecto de la visita es probablemente el que ha trascendido con menor claridad a los medios de comunicación, lo que no significa ni mucho menos que se secundario, siendo probable que Antony y Kitazawa dedicasen gran parte de su tiempo a analizarlo.
Sin embargo, mientras que la lucha contra la piratería o el terrorismo son, al menos a nivel teórico, compartidos por la comunidad internacional y se considera políticamente correcto denunciarlos, el ascenso económico y militar de China es un tema muy delicado que suele ser tratado entre bastidores, no en comunicados públicos y declaraciones a la prensa.
China constituye objetivamente, tanto para Japón como para India, la principal amenaza militar a largo plazo. Se trata de un país que se está rearmando a gran velocidad, que no tiene ni el más mínimo complejo a la hora de emplear o amenazar con el uso de la fuerza para defender sus intereses nacionales, y que está detrás de dos regimenes, Pakistán y Corea del Norte, enfrentados a Nueva Delhi y Tokio.
China atacó a la India en 1962 y ha creado una túpida red de bases navales e instalaciones de doble uso en el Índico (conocida como el "collar de perlas" en círculos de seguridad nacional india), mientras que sin su intervención en la Guerra de Corea dicho conflicto habría concluido, gracias al magistral desembarco ordenado por el General MacArthur en Inchon, en la destrucción del régimen comunista norcoreano. Los incidentes fronterizos en el Himalaya tienen lugar prácticamente cada semana, mientras las amenazas no siempre sutiles contra Nueva Delhi aparecen regularmente en los medios de comunicación.
Sin embargo, y es aquí donde la cooperación militar entre Japón y la India puede ser más efectiva, la principal arma china contra ambas democracias no es ningún sistema de armamento, inútil sin fuerza de voluntad, sino la influencia del idealismo gandhiano en la India y los complejos históricos en Japón.
Los líderes chinos, grandes estudiosos de la historia, saben que si empujan a Tokio y Nueva Delhi ambas capitales acabaran dejando de lado dichas ideologías y complejos, por lo que actúa gradualmente, paso a paso, evitando grandes provocaciones, en la esperanza que su expansionismo no topará con grandes resistencias. En este sentido, sólo la normalización militar de la India y el Japón, es decir, la plena asunción de la legitimidad del uso de la fuerza como instrumento de defensa de sus intereses nacionales, pueden suponer un freno a los proyectos de Beijing, y dicha normalización puede ser impulsada por una profundización de las relaciones bilaterales en el campo de la seguridad y la defensa entre ambos países, objeto último de la visita del ministro Antony.
Piratería
En relación con la piratería debemos recordar que ambas naciones dependen del mar, India no es estrictamente hablando un archipiélago como Japón pero más del 90% de su comercio transcurre por vía marítima. A nivel económico, y debido a la imponente cordillera del Himálaya, la India es una isla.
Tanto Nueva Delhi como Tokio han desplegado unidades navales en el Golfo de Adén para proteger el tráfico de la creciente presencia de piratas alimentada por el desgobierno en Somalia, el pago de rescates, la falta de voluntad política para emplear la fuerza de acuerdo con el derecho internacional (que considera a los piratas como "hostis humani generis", es decir enemigos de la humanidad), y la cobertura ideológica y moral proporcionada por el Islam político (que legitima el despojo de los infieles como una forma de Yihad, permitiendo a los piratas presentarse como corsarios de la Ummah, o comunidad de creyentes).
La Armada india se ha mostrado resuelta, llegando a hundir un barco pirata, mientras que las MSDF (Fuerzas de Autodefensa Marítimas, nombre que recibe la Armada nipona) no han actuado hasta la fecha con la misma contundencia (única respuesta posible ante la piratería) pero, en lo que significa un paso nada desdeñable, han protegido a mercantes de diversas nacionalidades.
En un primer momento, al anunciarse el despliegue naval japonés en el Índico, Tokio dio a entender que sus unidades solamente protegerían aquellos barcos que tuviesen alguna conexión (bandera, propiedad, carga, o tripulación) con el Japón, al considerar que su legislación interna no permitía defender a cualquier navío. Sin embargo, y sin esperar a una reforma legal que tuvo lugar semanas después, las MSDF recibieron órdenes de proteger desde el primer momento a cualquier barco amenazado, independientemente de su posible conexión con el Japón, y así lo han hecho en diversas ocasiones.
Hay que tener en cuenta que hoy día es muy frecuente que un barco pertenezca a una empresa domiciliada en un país, sea fletado en otro, transporte una carga destinada a un tercero, y sea tripulado por ciudadanos de un cuarto, y ello sin considerar otros factores como la nacionalidad de la empresa aseguradora. Por tanto cualquier pretensión de limitar la protección proporcionada a los barcos de una determinada nacionalidad está condenada al más absoluto fracaso, y así lo entendió el gobierno japonés, pese a que según la interpretación oficial de su Carta Magna le está vetada la defensa mutua (no olvidemos que el tratado con Estados Unidos obliga a este país a asistir militarmente a Japón en caso de ataque, pero no en el caso inverso), siendo éste uno de los aspectos polémicos del ensayo del general Tamogami que provocó su destitución el año pasado. Sin embargo la lucha contra la piratería no supone el ejercicio de la defensa mutua sino el cumplimiento con una obligación derivada del derecho internacional desde tiempos inmemoriales, siendo de hecho una de sus normas más antiguas. Eso si, al no tener las MSDF la potestad legal de detener a criminales comunes, en sus destructores se ha embarcado también a personal del Cuerpo de Guardacostas, que sí dispone de ella.
El portavoz del ministerio de defensa indio, Sitanshu Kar, declaró en el curso de la visita que "Reconociendo su interés mutuo en la seguridad de las vías de comunicación marítima, ambos países han decidido extender su cooperación en el campo de la seguridad marítima, especialmente en el campo del combate contra la piratería en la costa de Somalia y el Golfo de Adén". El comunicado conjunto emitido al final de la visita señala que ambos países "están comprometidos a continuar y reforzar la cooperación y el intercambio de información en esta área".
Pese al evidente interés común en acabar con la piratería, no trascendieron más detalles sobre la cooperación en este campo.
Terrorismo
Tokio y Nueva Delhi comparten la preocupación de la comunidad internacional por el terrorismo internacional, y, según indicó el portavoz del ministerio de defensa indio, Sitanshu Kar, Antony y Kitazawa "Condenaron los actos terroristas y expresaron su determinación a mejorar la cooperación en la lucha contra el terrorismo".
Sin embargo, así como la piratería, o la seguridad marítima en general, son percibidos de forma parecida por ambos países, que se enfrenten a una amenaza a corto plazo, la piratería, y a otra de más grave a largo, el ascenso marítimo de una China que está construyendo su primer portaaviones y no ha renunciado a la fuerza para defender sus intereses en zonas en disputa como el Mar del Japón o el Mar del Sur de la China, el fenómeno terrorista se manifiesta de forma diferente en los mismos. Mientras que India ha sufrido en sus carnes el terrorismo islámico desde su independencia, y continúa siendo noticia por ello (recordemos por ejemplo el ataque marítimo contra Bombay o los dos atentados contra su embajada en Kabul), Japón, con una población musulmana muy reducida no ha sido hasta la fecha objetivo de estos grupos. Ello no significa sin embargo que no pueda serlo en un futuro, que no le afecte a nivel geopolítico, o que grupos de otro signo ideológico no hayan cometido atentados en suelo nipón. En este sentido es necesario recordar el gran número de atentados con armas químicas padecidos a manos de la secta Aum Shinrikyo, que culminaron en el empleo de gas sarín en el metro de Toquio en el año 1995.
Operación Malabar
Las maniobras "Malabar", que reunieron en su última edición en abril de este año en Okinawa a las Armadas india, norteamericana, y japonesa, también fueron abordadas por los dos ministros de defensa, que expresaron su voluntad que continúen teniendo lugar.
Las maniobras son importantes, tanto a nivel técnico como político, para mostrar a Beijing que las armadas de las principales potencias democráticas y marítimas pueden actuar conjuntamente.
Otras cuestiones
Antony y Kitazawa acordaron preparar una visita oficial del segundo a la India "lo antes posible", pero sin concretar las fechas. Según fuentes oficiales japonesas no identificadas Kitazawa comentó la necesidad de tener en cuenta el calendario de sesiones de las Cortes niponas.
También discutieron el intercambio de estudiantes entre las academias y centros de formación militar de ambos países.
Otro tema tratado fue la cooperación industrial a nivel de investigación y desarrollo en el campo de la defensa.
Alexandre Calvo Cristina
Profesor de relaciones internacionales, European University.

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