El osado ataque realizado por terroristas yihadistas salafistas al Cuartel General de las Fuerzas Armadas paquistaníes, en Rawalpindi el 10 de octubre, no hace sino consolidar un método terrorista, el bautizado desde el ataque contra la ciudad india de Mumbai en noviembre de 2008 como "Urban Jihad" por algunos analistas militares, que debe de preocupar en todo el mundo por lo que tiene de innovador y por los sucesivos intentos que ha habido de emularlo.
A la operación de Mumbai, en la que entre el 26 y el 29 de noviembre pasado diez terroristas de Lashkar-e-Taiba procedentes de Karachi mantuvieron en jaque a una ciudad entera provocando 174 muertos en una operación no suicida en la que sólo sobrevivió uno de los terroristas, le siguieron dos similares producidas ambas en Lahore en marzo de este año.
En la primera de ellas doce terroristas provistos también de armas automáticas, de granadas de mano y de lanzagranadas atacaron el 3 de marzo a los jugadores del equipo nacional de cricket de Sri Lanka cuando se dirigían a jugar con sus homólogos paquistaníes: provocaron ocho muertos (6 policías que escoltaban el autobús del equipo y 2 civiles), hirieron a cinco jugadores y al entrenador y mantuvieron un intenso tiroteo con las fuerzas de seguridad durante 25 minutos logrando huir los terroristas confundiéndose con la muchedumbre en una zona comercial.
Semanas después, el 30 de marzo, doce terroristas del Tehrik-e-Taliban (TTP), el movimiento talibán de Pakistán, pertrechados con armas ligeras y abundante munición, penetraban en la Academia de Policía de Manawan, en las afueras de Lahore, mataban a ocho reclutas y tomaban rehenes. En la operación de rescate cuatro terroristas se suicidaron con explosivos pero el resto fueron capturados vivos tras ocho interminables horas de asedio.
Una cuarta acción terrorista que podemos asimilar también con la técnica del "Yihad Urbano", aunque anterior a las citadas y en esta ocasión combinada con ataques suicidas sincronizados, fue la producida el 20 de agosto de 2008 contra la Base de Wah, una de las principales instalaciones nucleares militares del país, en la que varios de los atacantes lograron huir y la operación en sí demostró una buena coordinación pudiendo ser útil a los terroristas para extraer lecciones e intentarlo de nuevo en el futuro.
En Rawalpindi nueve terroristas disfrazados de militares penetraban en una furgoneta en las instalaciones más emblemáticas de las Fuerzas Armadas paquistaníes, superaban dos barreras de control, mataban a cuatro soldados y a dos oficiales, mantenían un intenso tiroteo durante alrededor de una hora en el que murieron cuatro de los asaltantes y tomaban los cinco restantes rehenes. Sólo la intervención de comandos de operaciones especiales puso fin a la situación tras veinta trágicas horas muriendo cuatro de los terroristas, tres rehenes y dos soldados. En este caso el ataque ha sido reivindicado por el TTP, supuestamente descabezado tras la muerte de Baitullah Mehsud en agosto pero, como vemos, sigue plenamente operativo bajo la dirección de Hakimullah Mehsud.
Fuera ya de Pakistán, el 4 de agosto la Policía Federal australiana desarticulaba en Melbourne una célula yihadista formada por cuatro ciudadanos australianos de origen somalí y libanés antes de que llevara a término su plan de asaltar un acuartelamiento militar con armas ligeras y granadas de mano y matar al máximo número de soldados resistiendo el mayor tiempo posible. Como vemos, emuladores no faltan.

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